Acción y ¡re-acción!

Hace poco aprendí que el hombre dispone de un recurso dado por Dios, conocido como “principio proactivo”. Esta ¿capacidad? que Dios nos dio hace que el entorno “reaccione” a nuestra intervención.

Llevando esto al plano espiritual, me encuentro con otro principio: el de siembra y cosecha, que funciona precisamente de esa manera.
Después de todo, quien creó el universo, los principios físicos que lo regulan y lo sostienen, y a la humanidad, junto con los principios biológicos y espirituales que la sostienen, fue el mismo y único Dios.

Siembra y cosecha: “toda acción genera una reacción en la misma intensidad y en sentido contrario”; o sea, le pegás una patada al burro y el burro te la devuelve.

Así, entendiendo cómo funciona el mundo, es donde debemos actuar para que las cosas pasen; influenciar para que el entorno cambie; encajar para afectar y transformar.

Es como muchas veces dije (y así me criticaron) y repetí estos días pasados: “depende de mí para que dependa de Dios”.
Y aunque entiendo que suena soberbio, es todo lo contrario. Dios determinó que el principio proactivo actúe como disparador, como iniciador, tanto como el simple hecho de decir: “Pidan, y van a recibir; busquen, y van a encontrar; llamen, y se les va a abrir” (Mateo 7:7).

Siembra y cosecha. Acción y reacción. La tierra clamando y el cielo respondiendo.

Ahora entiendo el porqué de esa actitud que también puede verse soberbia de parte de Dios. Dice Zacarías: “Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes” (Zacarías 1:3).

¿Por qué esa postura caprichosa, casi infantil, de “vení vos primero”?
¿Por qué te habla subido al caballo, o mejor, a un trono de poder, como si fuera Dios?
Ah… mala mía.

Sí, primero porque es Dios; segundo, porque te dio la capacidad de elegir y decidir; tercero, porque debés mostrar humildad y humillación; cuarto, porque así lo dispuso: la tierra clama y el cielo responde.

Depende de vos para que dependa de Dios.
No le estás dando permiso, pero lo estás habilitando, según su propia voluntad y las pautas que Él mismo dispuso, para hacer en vos lo que Él quiere hacer.

¿Nunca escuchaste esa expresión de que “Dios es un caballero”?
¿Pensabas que era por su vestimenta? ¿O por el caballo blanco de Apocalipsis?
Ninguna de esas, sino porque no invade tu decisión ni tu libre albedrío. Espera tu activación para hacer su voluntad.

¡Sí! A mí también me parece un montón.

Por eso: depende de vos para que dependa de Dios, depende de vos para que dependa de Dios.

¿Qué estás esperando de Dios?
¿Qué estás haciendo para que Él haga?
¿Te estás acercando a Dios o estás esperando que Él se manifieste?

¿Pedís, buscás, llamás? ¿O te creés tan importante que Dios “tiene que entender tu condición” y venir a buscarte?

Jesús sanó a todo tipo de personas. Pero te dejo un dato: siempre fueron a Él.
¡Ah, no! Jesús fue al paralítico y al muerto.
¿Vas a esperar a tu muerte para que Él venga a vos?

“Acercate a Él, y Él se acercará a vos”.
Depende de vos para que dependa de Él.

Dejar un comentario