Insignificante

¿Puede salir algo bueno de algo malo? Es algo bastante relativo, pero digamos que, en términos generales, la respuesta es no.

Esa fue la pregunta que le hizo Natanael a Felipe. A veces juzgan a Tomás de incrédulo, pero este Nata no se queda atrás. “¿De Nazareth puede salir algo bueno?”, lo interroga en Juan 1:46, ya dando por hecho que, si el rabino famoso, el milagrero Jesús, era de Nazareth (todos creían eso), no podía ser bueno.

Suena bastante discriminador y racista, pero después de todo, la sabiduría popular ya lo dice: “de tal palo, tal astilla” y “el fruto no cae tan lejos del árbol”. Eso sin mencionar que, posteriormente, el mismo Jesús diría: “el árbol malo no puede dar fruto bueno” (Mateo 7:18).

¿Importa tanto el origen? ¿Es tan determinante el nivel socioeconómico de un lugar para definir a sus habitantes o calificar a un profesional solo por eso?
¿Acaso todos los científicos, escritores importantes, empresarios, estrellas del arte y la cultura son oriundos de ciudades o países de primer mundo o alto PBI?

No quiero dar ningún ejemplo, porque podría herir sentimientos, pero me quedo con algunos cercanos: muchos de los mejores deportistas del mundo nacieron en Argentina, la que también dio varios premios Nobel y profesionales que enriquecieron a universidades de primer nivel.

La sorpresa, tanto para Natanael como para todos los que pensaron como él, fue que sí, podía salir algo bueno de Nazareth: Jesús (aunque Jesús no era nativo de Nazareth, sino de Belén).

¡Ah, Belén! “Salimos de Guatemala y nos metimos en guatepeor” (¡qué viejo fue eso!). Para Natanael tampoco serviría el cambio, porque históricamente Belén fue una ciudad muy pequeña e intrascendente.
El profeta ya había dicho: “Tú, Belén Efrata, eres pequeña para estar entre las familias de Judá…” (Miqueas 5:2a), pero continúa Miqueas: “pero de ti me saldrá el que será Señor en Israel” (Miqueas 5:2b).

Otra vez el mismo punto. No importa lo pequeño, lo intrascendente o lo mediocre. Dios es el que “llama a las cosas que no son como si fueran” (Romanos 4:17) y el que hizo “lo que se ve, de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

Tu origen no te define. Tu entorno no te califica. Ni tu nivel económico, ni cuánto hayas estudiado, ni a qué nivel educativo hayas alcanzado, ni de qué trabajen tus padres o de qué nacionalidad sean.
No es el tamaño de tu inicio lo que te etiquete, sino que son tus decisiones, tu actitud y tu respuesta al llamado de Dios lo que te va a colocar en el nivel de bendición y plenitud que Dios pensó para vos… o no…

¡Ah, tenía que hablar de Navidad!
Claro. Jesús fue catalogado por su origen, su cuna, su barrio, sus padres…, pero se convirtió en el Salvador del mundo, Rey de reyes y Señor de señores.

No mires tu origen. No te ates a tus limitaciones.
¡Vos sos lo que Dios dice de vos!

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