Aromas de Campo

¿Fuiste alguna vez a una granja? Para los que somos de ciudad, visitar una granja forma parte de una experiencia turística o incluso cultural. No es nuestro “hábitat natural”, pero es parte de la tradición humana.

A algunos les gusta más, a otros menos; hay quienes vivirían en una y otros que (como yo) solo irían ante una eventualidad de esas que no se pueden evitar.

Recuerdo las “salidas educativas” de la escuela de mis hijos: incluían una visita obligatoria a la granja… ¡de la escuela!
O los picnics de la iglesia a la popular “Granja Don Mario”, de Longchamps, donde la atracción principal (¿la única?) era la chancha ¡enorme! con sus crías.

Entonces, si fuiste a una granja, sabés que el aroma no es el de una muestra de perfumes importados ni una presentación floral o los aromas del chef, sino que… bueno, eso, ya sabés.

Así olía también el hijo pródigo al volver a su casa. ¿Por qué pensabas que le pusieron un vestido nuevo? La etiqueta de la fragancia diría algo así como “barro podrido, línea chancho N.º 5”. Pero el padre así lo abrazó.

Las granjas tienen establos. Las estancias tienen establos. Las caballerizas, los criaderos, tienen establos.
Ahí viven y duermen los distintos animales y ahí mismo son alimentados.

Hoy llamamos “comederos” a los “dispenser” de comida adaptados a cada especie. No es lo mismo un comedero de pollos que el de caballos, ni el de loros que el de ovejas, corderos y ganado vacuno.
Al comedero de estos últimos, en la época bíblica, se los llamaba “pesebres”. ¡Ups! Ya sabés por dónde va la cosa…

Un pesebre no era otra cosa más que un cajón de madera donde se acumulaba la paja que estos animales comían, y que debía ser reemplazada casi a diario para no humedecerse o pudrirse.

En esa caja… fue puesto Jesús al nacer…

Si a eso le sumás que debe haber nacido en medio de los fardos de paja, alfalfa o avena, cambia un poquito la percepción romántica que la tradición le da a esa escena.
¿Te das cuenta de que María parió estando recostada sobre comida de animales y tal vez (tal vez) rodeada de olores y excremento?

¿Fue voluntad de Dios? ¿Fue designio divino? ¿Fue permisiva o “directiva”?
¿O solo fue “lo que había”?

La historia bíblica nos muestra que fue simplemente la consecuencia de un cupo hotelero agotado. El turismo religioso estaba a full en esos días, y eso que no era fin de semana largo…

“…tuvo a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en ese albergue.” (San Lucas 2:7)

No siempre las cosas pasan como uno supone que van a pasar, y que no sean óptimas no significa que Dios no esté en el tema.
Después de todo, la activación del plan de Dios afecta a todos: no somos solo espectadores, sino también actores de lo que Dios hace, porque “en todo lo que tiene que ver con el reino de los cielos, el alcance de las promesas, lo que esperás recibir y lo que Dios quiere de y para vos, se requiere de tu intervención”.

Que las condiciones no sean las más elegantes no indica ausencia de plan ni indiferencia de Dios.
Que lo que estés viviendo tenga “mal olor” no es señal de que vas por mal camino o que Dios te haya dado la espalda.
Tal vez solo muestre que todavía muchos corazones están cerrados a recibir la bendición de Dios, y tenés que arreglarte como sea para ser parte de ese plan.

Que no tengas una audiencia de miles ¡no dice nada! Tal vez solo una vaca mugió o baló un cordero —¡o capaz ni eso!— cuando Jesús nació.

Pero en ese establo oloroso y en ese comedero con paja nació el que vino a cambiar la historia del mundo, del hombre y tu historia personal.

No te detengas por un comienzo humilde, por un primer paso a los tumbos, por unos pañales sucios…
“el primer paso que das no te lleva a donde querés llegar, pero te saca de donde estás”.

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