Todo vuelve

Fue un juguete muy popular allá por los 80, conocido por muchos, usado por muy pocos. Hoy solamente es un elemento curioso de una cultura extranjera… que provoca “un poquito” de temor.

Originalmente, entre los indígenas australianos, era un arma de caza; se la usaba para golpear y cazar aves, conejos y otros animales pequeños (no creo que sirviera para un canguro). También se lo usaba como cuchillo, porque tenía el borde interior levemente afilado. Posteriormente se convirtió en un deporte y hoy hasta hay una aplicación de búsqueda de empleo que lleva su nombre.

Estoy hablando del “boomerang”, esa pieza con forma de “L”, con puntas semirredondeadas, que lanzás como un frisbee y vuelve a tu mano después de un vuelo elíptico. Te dije que provocaba un poquito de temor, porque si no sabías utilizarlo correctamente, eras la siguiente víctima candidata a un golpazo en la cabeza.

Ya sabés —y no voy a volver sobre eso— que en el reino de Dios todo gira en torno a “la siembra y la cosecha”. Pero lo que sí voy a remarcar es que todas nuestras acciones tienen sus consecuencias y que… a la larga… todo vuelve.

Suena a amenaza, tal vez pienses que parece una maldición, pero tan solo es una advertencia: todo vuelve.

Entender esto y hacerlo tu filosofía de vida puede ser la clave que haga la diferencia entre el éxito y el fracaso. Y algo más: la diferencia en cómo manejar y transitar el proceso entre éxito y fracaso. No todo es cuestión de triunfar, sino cómo hacerlo y en qué condición llegar.

Jesús lo graficó en la famosa “regla de oro”: “lo que quieras que hagan con vos, hacelo vos primero con los demás” (Mateo 7:12).
Mejora las relaciones, tanto afectivas como sociales y laborales.
Evita ofensas, enojos y malos entendidos, ya que vas a pensar dos veces antes de actuar o hablar.

Es importante prestar atención a tu vida, tus cosas, tu crecimiento y progreso; pero resulta imprescindible cuidar el efecto que eso causa en los demás.

Dice Apocalipsis 16:15: “Miren, yo vengo como un ladrón. Bienaventurados los que se mantengan despiertos y conserven sus ropas, no sea que se queden desnudos y se vea la vergüenza de su desnudez”.

Pero dice Proverbios 26:27: “No abras zanjas si no quieres caer en ellas, ni hagas rodar piedras si no quieres que te aplasten”.

¿Estás mirando tu caminar? ¿Estás evaluando tu progreso?
¿Estás evitando quedar “desnudo”, sin cobertura, sin investidura y descubierto, para no ser avergonzado?
¡Qué bien!

¿Estás midiendo la consecuencia de tus actos?
¿Pensás en ellas antes de actuar?
¿Estás preparado para recibir lo mismo que das?

Fijate bien lo que hacés y “meditá sobre tus caminos”, porque toda siembra trae una cosecha…
Y todo vuelve…

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