Caídos

Una vieja frase del refranero evangélico dice que “el cristiano es el único ejército que abandona a sus soldados heridos en el campo de batalla”. Es fuerte, es chocante, pero lamentablemente es real.

Por supuesto que estoy generalizando: no son todos así, y justamente esa fue una de las razones por las cuales Dios nos mandó a “restaurar”. Nuestro ministerio nació como una respuesta al clamor del apartado y de quienes no encontraban eco dentro de la estructura religiosa. En nuestros comienzos, el 80 % de la congregación eran apartados, aunque casi todos no ‘apartados de Dios’, sino de la iglesia.

Decía en aquellas épocas que en esta ciudad (donde seguimos) conocí a una tercera “clase de creyentes”: para mí solo existían los congregantes y los apartados; acá encontré creyentes no congregantes, que se reunían con otros creyentes no congregantes para compartir palabra y oración…

Escuché todo tipo de historias sobre los maltratos de pastores e iglesias. Algunas son dignas de una miniserie de Netflix, otras… dignas de olvidar.
¿¡Cómo puede ser que la iglesia maltrate y condene?!
¿¡Cómo puede ser que la iglesia eche a la gente de la iglesia?!
¿¡Cómo puede ser que lo que debería ser una vidriera del amor de Dios puesto en práctica se convierta en un ‘espantagente’?

Por eso, aunque no la comparto, lo creo: “el cristiano es el único ejército que abandona a sus soldados heridos en el campo de batalla”.

Los ejércitos seculares, mundanos, vuelven y rescatan a los suyos. El “evangélico” lo deja tirado como testimonio, como lección, como advertencia a los demás del peligro que es correrse de la santidad, o de la fe, o simplemente del camino.

Escuché aberraciones como: “si te apartaste, nunca conociste a Dios”. O peor: “si te alejaste, nunca fuiste salvo”. Que existen “categorías” de personas que “no pueden alcanzar el perdón de Dios o la salvación”. Que si pecaste, si miraste atrás, si resbalaste o tropezaste, “solo te espera una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego…” (Hebreos 10:27).

Cuando la Biblia dice (¿tendrá alguna autoridad la Biblia?):
“aunque caí, me levantaré” (Miqueas 7:8)
“Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.” (1 Juan 2:1)
“Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho…” (Salmos 62:2)

¿Será que Dios conocía mis errores, caídas y pecados desde antes? Sí.
¿Será que, a pesar de conocerlos, igual me amó y me salvó? Sí.
¿Será que, si me amó siendo pecador, me sigue amando siendo redimido? Sí.
¿Será que, siendo redimido y lavado por su sangre, tengo acceso libre a su presencia y me perdona cuando clamo? Sí, sí y sí.

¿Entonces?

Y… entonces que se queden discutiendo sobre el arbolito, en vez de comprender el amor de Dios.

“Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor.” (Efesios 3:18)

Dice David: “Tú, Señor, levantas a los que tropiezan, y reanimas a los que están fatigados.” (Salmos 145:14)¡Ja! No, Dios no te rechaza y Dios no te deja tirado en el campo de batalla…

¿Te sentiste abandonado?
Dios no te abandona.
¿Te sentís señalado?
Dios no te señala.
¿Mirás a otro juzgando su pecado?
Dios no lo juzga (y a vos te reta).

No nos quedemos tirados en el abandono de los religiosos… y tomemos nota para ser restauradores de los que otros abandonaron.

“Tú, Señor, levantas a los que tropiezan, y reanimas a los que están fatigados.”

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