No puedo terminar este día sin dejar una reflexión. Sinceramente no me da la cara para llamarla “devocional”, porque considero que un devocional debe ser lo primero del día, en el peor de los casos por la mañana, no después de las 8 de la noche.
Fue un día movido. Recién me saqué la “ropa de iglesia” después del culto de la mañana y una tarde de paseo, vidrieras y charla con la mejor (shhh… no le cuentes que se me agranda).
En la reunión de fin de mes hablamos de la inocencia, de esa fe sencilla y profunda, como la de un niño, que hace que las cosas pasen.
Tan sencillo como creer, solamente creer, que Dios va a hacer lo que dijo que iba a hacer.
Pero Santiago dice que el creer debe ir acompañado del hacer. Si creo, pero no hago cosas resultantes de lo que creo, no sé cuánto creo.
Si creo, tengo que actuar en consecuencia de lo que creo: una fe activa, una fe dinámica, una fe positiva, una fe comprometida. (Santiago 2:17)
La fe es más que suficiente, pero no alcanza solamente con creer.
Por eso, vuelvo al inicio: no puedo terminar el día sin hacer lo que tengo que hacer, compartir lo que Dios puso en mi corazón, tirarte alguna data y dejarte algunos tips para que seas edificado.
No alcanza con creer, es necesario hacer; y no alcanza con solo hacer cuando te venga en ganas, es necesario involucrarte, ponerte una carga, tomar un compromiso.
Dios le dijo al profeta Zacarías que se haga cargo de esas ovejas que otros abandonaron y dejaron a su suerte. (Zacarías 11:4–6)
¡Ay, cómo me golpea esa palabra! Ese ha sido desde hace casi 15 años el motor y el incentivo. Esa fue la visión y el llamado: rescatar, reparar, restaurar.
¡Zacarías obviamente obedece! (con un Jonás en la historia alcanza y sobra) y en 11:7 dice: “Me hice dos cayados; a uno de ellos lo llamé «Gracia», y al otro «Ataduras»; y me dediqué a cuidar de las ovejas”.
El cayado es esa vara alta que termina en forma de gancho o signo de pregunta, que el pastor usa para “enganchar” a la oveja que se distrae o se desvía. El Salmo 23 habla de “su vara y su cayado”, (Salmo 23:4) pero Zacarías no tiene vara, tiene dos cayados.
A uno lo llamó “Gracia”, un favor inmerecido, una “licencia” a los requisitos de la ley, una venda sobre los ojos del juez para que todos podamos acceder a los beneficios de la salvación, para que todas esas ovejas, sin hacer distinciones de lana, color, carne o grasa, puedan ser pastoreadas por el profeta.
Al otro le puso de nombre “Ataduras”. Esto me hizo acordar inmediatamente a Juan hablando de Jesús, cuando dice que era “lleno de gracia y de verdad”, (Juan 1:14) una combinación de ese favor que abre la puerta del cielo con la confrontación que desnuda tu pecado (y te hace valorar aún más esa gracia).
Pero Zacarías no habla de “verdad” (¡calma!, no está mintiendo), sino que habla de ataduras: ese compromiso con el llamado y cumplir el propósito para el cual Dios lo eligió.
No alcanza con creer, es necesario hacer; y no alcanza solo con hacer, es necesario tomar un compromiso.
No siempre vas a tener ganas de hacer lo que tenés que hacer.
¿Acaso te levantás feliz cada mañana lluviosa y fría para ir a tu trabajo?
No son las ganas de hacer las cosas las que definen los resultados, sino la convicción y el compromiso con ese resultado.
Este pensamiento, esta reflexión, no es para vos. Vos sos “novato” todavía; vos estás empezando a caminar con Cristo, estás adquiriendo entendimiento espiritual.
Este mensaje tampoco es para vos, que ya estás maduro, ya sos cuero duro, ya le diste la vuelta a la Biblia más de una vez; ya estás sirviendo, ministrando, liderando; ya tenés y cumplís tu responsabilidad con el llamado y tu compromiso con Dios.
¡A vos ni se te ocurriría poner otra cosa en primer lugar ni “enredarte en las cuestiones de la vida”! (2 Timoteo 2:4) Vos ya estás entrenado en la fe y tus sentidos en el “discernimiento del bien y el mal”. (Hebreos 5:14)
Este pensamiento es para mí, que terminé cansado, agotado, acalorado… para que no sea tan vago como para dejar de escribir.
“Gracia y Ataduras”, “Gracia y Verdad”, favor y entendimiento, favor y madurez, favor y compromiso, favor y responsabilidad.
