Inamovible

Allá a fines de los 80, cuando ya era un “adulto responsable” (ponele), empecé a incursionar en algunas inversiones. Era una época complicada, pero mi trabajo me daba cierta dirección como para saber cómo moverme.

Por esos años fui testigo de “la hiper” y de ver cómo se fundían comercios, empresas y bancos. Sí, bancos también, que es donde uno esperaría tener algún tipo de respaldo.

Uno de los tips más importantes a tener en cuenta a la hora de invertir era la entidad o el tipo de entidad.
No era lo mismo la financiera “Pirulo” que algunos de los bancos líderes o de primera línea, como el Boston (no existe más), el de Italia (tampoco existe más), el Deutsche (tampoco), o el Galicia (ese zafó).

Al ver cómo varios de los importantes también cayeron, se llegó a priorizar elegir los oficiales: Nación y Provincia, porque te decían: “si quiebra el Nación, ya no queda nada”.

Lo del banco Boston fue muy fuerte. La sucursal Buenos Aires fue la primera que ese banco estadounidense tuvo en el extranjero. Hoy fue absorbido por el chino ICBC, pero su puerta emblemática sigue siendo casi un monumento histórico.

Hay muchas cosas que parecen firmes, pero cuando menos te lo esperás, caen.
La Biblia lo dice, por ejemplo: “no pongas tu esperanza en las riquezas, porque les salen alas” (Proverbios 23:5).

También, cuando habla de la confianza, por un lado te ¡maldice! por confiar más en la gente que en Dios (Jeremías 17:5), mientras te aconseja que “no busques la amistad de los poderosos” (Proverbios 22:24–25).

Instituciones, entidades, incluso tradiciones.
También amistades, relaciones, rutinas y actividades.
¿Cuántos “mejores amigos” dejaste de frecuentar apenas terminaste la escuela, o la facu, o cambiaste de trabajo, o te mudaste de ciudad?

Con mucha más razón, Pablo te advierte sobre tu vida espiritual: “el que piensa estar firme…” ¿sabés cómo sigue, no? “cuide no caer” (1 Corintios 10:12).

Así, Apocalipsis casi cierra su profecía hablando de uno de los acontecimientos más impactantes que el mundo va a vivir: un cambio dimensional, una nueva atmósfera, un nuevo universo…

Pedro ya lo había anticipado: “habrá cielos nuevos y tierra nueva” (2 Pedro 3:13).
Apocalipsis dice: “Vi entonces un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y el mar tampoco existía ya” (Apocalipsis 21:1).
Mientras Pedro dice “cielo y tierra pasaron”, Juan dice: “dejaron de existir”.

¿Te hubieras imaginado que el cielo y la tierra van a desaparecer?
¿Hay algo más firme y estable que el planeta?
Si el mundo desaparece, ¿dónde vas a parar?

Recuerdo las películas apocalípticas de los que escapan del cataclismo hacia una estación espacial, o la Luna, o algún nuevo planeta (como Interstellar).

Si cielo y tierra van a desaparecer, ¿a qué te aferrás hoy como si fuera inamovible?

Emulando a Marcos 4:22 te digo: “no hay nada firme que no vaya a ser derribado”, salvo, por supuesto, la Palabra de Dios.

No te busques bastones.
No te hagas fortalezas.
No te aferres a nada ni a nadie.
Reconocé al Señor en todos tus caminos, y ellos serán enderezados y afirmados.

Dejar un comentario