Nuestras decisiones son la clave para nuestro futuro y afectan nuestro caminar diario. Somos responsables tanto de lo que hacemos como de lo que dejamos de hacer… pero la historia no queda ahí.
Hay personas que toman decisiones drásticas en momentos que así lo requieren. A veces esas decisiones traen algún tipo de “daño colateral” que, según la circunstancia, entra en la categoría de “el fin justifica los medios”.
Por ejemplo, si en medio de un tiroteo con una banda de delincuentes un inocente sale herido… no fue un delito, sino una consecuencia a veces inevitable.
Todas nuestras decisiones tienen efecto rebote. Aunque te quieras cortar solo, hay un entorno que resulta afectado: perjudicado o bendecido, según de qué se trate, pero no estamos exentos de esa responsabilidad.
Lo que haga un jefe de familia va a afectar a su familia; lo que haga un pastor va a afectar a la iglesia; lo que haga un presidente va a afectar al país.
Por eso es importante evaluar las decisiones a tomar y tener una “visión panorámica” de hasta dónde puede afectar.
Noé fue un hombre “especial”. Las declaraciones de Dios acerca de Noé fueron muy fuertes. ¿Te imaginás que Dios diga de vos que “sos el único que vive de acuerdo con su voluntad”? (Génesis 7:1)
Que lo diga Dios y no vos, porque si lo decís vos, ¿cuál es tu parámetro y tu objetividad?
¿Querés ser un Elías, diciendo “¡solo yo he quedado!”? (1 Reyes 19:10) ¡Y después confrontado por Dios por su arrogancia!
También dijo Salomón: “Que te alabe un extraño y no tu propia boca” (Proverbios 27:2).
Noé era especial delante de Dios. Y por esa actitud se ganó un lugar delante de Dios, en el corazón de Dios ¡y en el arca!, que le proveyó salvación ante la destrucción por el diluvio.
Dios había decidido destruir el mundo (bueno, el mundo no, la gente), pero encontró en Noé una semilla apta para la refundación de la humanidad.
¿No sabía Dios que Noé se iba a emborrachar? (Génesis 9:18-29) Sí, sabía. Noé no era perfecto, solo “halló gracia delante de Dios” (Génesis 6:8).
Pero lo más interesante, o por lo menos para mí, es que Noé no fue solo. Si Dios iba a usarlo para iniciar un nuevo mundo, necesitaba parejas para procrear. Por supuesto que Dios podía haber provisto una nueva versión de Eva, la Eva 2.0… pero en vez de eso, Dios usó a su familia.
¿Entonces la familia de Noé también fue considerada apta? Sí.
¿Entonces la familia de Noé también halló gracia? No.
Pero la decisión de un hombre arrastró (y salvó) a toda su generación…
“Después el Señor le dijo a Noé: «Entre toda la gente de este tiempo, solo tú vives de acuerdo con mi voluntad. Por lo tanto, entra en la barca junto con tu familia»” (Génesis 7:1).
“Entra en la barca junto a tu familia”. ¿Quiénes fueron esos?
“…contigo estableceré mi alianza, y en la barca entrarán tus hijos, tu esposa, tus nueras y tú” (Génesis 6:18).
Tus decisiones afectan a tu entorno.
Tus decisiones afectan a tu familia.
Tus decisiones pueden cambiar el futuro de tu generación.
Tus decisiones pueden proveer un mejor futuro para tus hijos.
Tus decisiones… pueden traer salvación.
¡Arrancamos el 2026! “Tiempo de Renuevo (como Noé) y Cambio de Posición”.
Las decisiones equivocadas no las podés cambiar, pero podés empezar a tomar las decisiones correctas.
No te quedes mirando el pasado.
No te limites a tus limitaciones.
No te detengas en tus errores.
No hagas caso a tus fracasos…
¿Te lo había dicho?
“Reconocé [al Señor] en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:6).
Sí… te lo había dicho ya.
