La fe es más valiosa que la posición.
No es una contradicción a la declaración 2026, sino una confirmación de la misma y un ajuste de dirección. Vamos a un “cambio de posición”, que es parte de la vida natural del cristiano: ir in crescendo.
Pero el cambio de posición —esta afirmación, la ejecución y la puesta en práctica— depende de varios factores que, en definitiva, resultan más importantes.
A ver, vos podés tomar la decisión de subir una escalera y empezar a habitar (o simplemente pasear) en un lugar más alto de lo habitual. Podés tomar la decisión de dejar de mirar los problemas y empezar a mirar tus metas (¡algo valiosísimo!), pero si no te “ves” en esa nueva posición, mucho no va a durar.
Otra vez rozamos el tema de la percepción o autopercepción. No es un juego psicológico, sino una realidad de la vida real: si no te creés lo que hacés, no da fruto ni permanecés. ¿De qué sirve subir de nivel, cambiar hábitos y costumbres, codearte con otra gente, tener gastos más elevados o más finos, si seguís teniendo mentalidad de nivel bajo?
¿De qué sirve, por ejemplo, ganarte la lotería, si te vas a patinar la plata en apariencias?
Es fundamental, es necesario, cambiar la manera de pensar.
Por eso digo que la fe es más valiosa que la posición. El autor de Hebreos lo dice de esta manera: “…es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que sabe recompensar a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6).
La fe es más importante que la posición.
Así exalta Jesús al centurión, un militar que tenía problemas en su casa. Su sirviente, su esclavo, estaba enfermo, y entonces acude a Jesús. Jesús se ofrece para ir a sanar al muchacho, pero el centurión lo rechaza:
“Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano” (Mateo 8:8).
Jesús se sorprende por esta declaración y “suelta” una palabra de sanidad a distancia, por medio de la cual el muchacho fue sanado.
¿Qué sanó al esclavo? ¿Jesús, su palabra o la fe del centurión?
No quiero entrar en debates teológicos dogmáticos ni hacer una doctrina de esto, pero la respuesta es: un poco de cada una. La declaración de Jesús fue en respuesta a una fe ciega que era capaz de creer: “solamente da la orden”, y con eso era suficiente.
¡Cuánto nos deja este pagano para reflexionar y aprender!
No pertenecía al pueblo, no era judío. Su dios eran seguramente Júpiter y Marte, sobre todo Marte; y en la tierra, el emperador.
Pero creía que Jesús era el Señor y no César, y sabía que una palabra de él era más que suficiente para sanar.
Y no solo eso: Jesús no respondió al linaje, ni a la tribu, ni a las ofrendas o a la santidad; Jesús respondió a su fe.
La fe es más valiosa que la posición, y tu propia fe en lo que Dios dijo, lo que prometió o lo que espera y tiene para vos es el motor para activarlos.
No se trata de tu condición y tampoco de tu posición.
No se trata de tu origen ni tu capacidad.
No se trata de tu experiencia, conocimientos… ¡ni santidad!
Se trata de cuánto sos capaz de creer que Dios va a hacer lo que dijo que iba a hacer.
¿En qué te estás apoyando?
¿Qué cosas condicionan tu fe?
¿Estás creyendo?
¿Qué te impide creer?
La fe es más valiosa que la posición.
