Decisiones

Hay un momento en el que hay que tomar decisiones. Sí, ya sé… ¡y dale con las decisiones! Es que Dios se mueve en oleadas, etapas, tiempos en los que los vientos corren para un lado y después para otro, y así vamos siendo formados, moldeados y edificados por Él.

Anoche decía que tenemos que evitar las decisiones que nos dejan en un punto medio. Los caminos alternativos nunca son la salida, y las decisiones cómodas no transforman, solo adormecen momentáneamente. (Sí, solo momentáneamente…)

Cuando te acomodás en decisiones a medias, saliste de donde estabas… pero no llegás a donde deberías… solo… nada, eso.

Tomar decisiones es imperioso, pero no siempre es agradable. Ni para el que las toma ni para el involucrado. Si estás en una relación y uno decide cortar, no fue una decisión agradable para ninguno de los dos.

Pero cuando la cosa no da para más, o cuando resta en vez de sumar, o cuando no hay salida o solución… no hay que prolongar la agonía, hay que tomar una decisión.

Jesús es un ejemplo de liderazgo. Su comportamiento privado, público, en intimidad, en grupo o ante una multitud nos da un ejemplo de vida cristiana.
No en vano Él dijo: “Síganme” (Mateo 4:19) o “cosas mayores que yo harán” (Juan 14:12).

Él venía de un día movido. Una secuencia de milagros y prédica que hasta hoy nos sigue ministrando y confrontando.

Tuvo un discipulado sobrenatural en el monte con sus discípulos (Mateo 5–7).
Sanó a un leproso (Mateo 8:1–4).
Fue a Capernaúm, donde sanó al siervo del centurión (Mateo 8:5–13).
Se fue a la casa de Pedro, donde sanó a su suegra, a quien encontró enferma (Mateo 8:14–15).
Se hizo de noche, y antes de que desaparezca “le llevaron muchos enfermos y endemoniados para que Él los sanara y liberara” (Mateo 8:16).

¡Y después te dicen que servir a Dios no es trabajar!

Jesús colapsó de stress y decidió alejarse un rato para estar solo:
“Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de pasar al otro lado del lago” (Mateo 8:18).

Hay veces que hay que tomar decisiones.

Cuando lo que hacés no da fruto, hay que tomar decisiones.

Cuando el entorno no suma, hay que tomar decisiones.

Cuando estás siendo oprimido y abusado, hay que tomar decisiones.

Cuando se están aprovechando de vos, hay que tomar decisiones.

Cuando solo quieren obtener un beneficio a costa tuya, hay que tomar decisiones.

Cuando necesitás despejar tu mente, hay que tomar decisiones.

Cuando tenés que cargar pilas, hay que tomar decisiones.

Cuando querés para vos un futuro distinto, hay que tomar decisiones.

Cuando te ves estancado, cuando das vueltas en círculo, cuando la rutina se convirtió en una cárcel, cuando no ves futuro, cuando te cortan las alas, cuando estás atado a la mediocridad, la pobreza mental o el pecado…
¡Hay que tomar decisiones!

Estoy seguro, ¡pero seguro, eh!, de que alguno se ofendió con Él. Que alguno de esos enfermos o endemoniados volvió a su casa enojado y hablando mal de Jesús.
Que al día siguiente se habrá puesto a criticarlo en el mercado o lavando redes, diciendo que “está sobrevalorado”.

Estoy seguro de que alguno de los discípulos, tal vez Pedro, Tomás o Juan, se molestaron con Él, criticaron su decisión o su forma; o le reclamaron que dejó tirado a alguno de esos necesitados…

Pero Jesús era bravo, tendría unas cuantas cosas para decir.
No tenía pelos en la lengua para enfrentarlos diciendo: “¿Se quieren ir ustedes también?” (Juan 6:67).

Es tiempo de tomar decisiones.

¿En qué lugar estás atado del cual tenés que salir?
¿En qué ambiente estás siendo hostigado o abusado?
¿En qué actividad no estás dando fruto?

¿Qué camino estás transitando sin metas ni destino?
¿Qué círculo vicioso te tiene atrapado?

Es tiempo de tomar decisiones.

Dejar un comentario