¿Viste esos programas de “transformaciones” en los que le cambian el look a la persona?
Hay varios de ese estilo, con algunas variantes de formato.
Están los que se dedican al estilo de vestimenta, los que apuntan al maquillaje o peinado, y los más shockeantes (para mí), los que corrigen defectos físicos.
Salvo estos últimos (por eso me gustan más), en los otros suele pasar algo tristemente gracioso: una vez que la persona vuelve a su rutina, vuelve a las mismas prácticas, las mismas costumbres, las mismas vestimentas… aunque haya adoptado algunos nuevos tips de conducta.
Es muy notorio con los de maquillaje o peinado. ¿Vos creés que una persona promedio de clase media tiene el tiempo disponible para pasar una hora ante el espejo? ¿Vos pensás que es muy normal vivir con peinado de peluquería? ¡Eso era para la época de mi abuela, donde, allá por los 60, la peluquería era parte de la cultura popular!
Así que, normalmente, por buenas intenciones que haya, todo vuelve atrás.
Lo entiendo y lo valoro dentro del marco de esos programas. Al fin de cuentas, te están “produciendo” gratis y eso no hay que perderlo… ¿pero aplica a la vida diaria, a la vida espiritual?
Muchas veces dije que nunca vi una mariposa que vuelva a ser gusano. Eso es la transformación por medio del espíritu, cuando le damos lugar a Dios y nos dejamos ser tratados y moldeados por Él. A diferencia de la mariposa, no está en nuestra esencia el ADN de la transformación, sino justamente lo contrario. Como humanos, nos inclinamos a vivir en la primera ley de Newton (no, estás pensando en la tercera; esa no), que es conocida como “ley de la inercia”, que dice que “todo cuerpo tiende a permanecer en el estado en que se encuentra hasta que una fuerza externa actúe sobre él”. Es como decir: “en cuanto veo una silla, me siento”.
Por eso debemos convencernos y proponernos avanzar y esforzarnos.
Por eso nos rebelamos contra la pasividad, la mediocridad y el letargo.
Transformación en Cristo es avanzar sin retroceder, empezar a ser sin volver a ser, encajar en el molde de una nueva criatura, una nueva creación… ¡porque el que éramos ya no existe más!
Aunque, a veces, luchamos por resucitar al viejo que se fue…
Jesús dijo unas palabras muy duras (el evangelio es una confrontación constante) que, pensándolo fríamente, no son para cualquiera. Más aún, en esta época Jesús sería denunciado por algún colectivo de esos que se ofenden por todo, por discriminación, racismo, agresión, etc., etc., etc.
“El que trate de salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.” (Mateo 10:39)
¿Quién no trataría de salvar su vida? El instinto de supervivencia es el más fuerte del hombre y lo lleva, si es necesario, a matar o convertirse en un animal con tal de salvar su propio pellejo (por eso, insisto, el suicidio no es depresión, sino opresión demoníaca).
Pero parece que preservar la vida se opone al plan de Dios…
Obviamente, hay un entrelíneas y una interpretación. Jesús no te está pidiendo que te pares en el paredón de fusilamiento ni que te hagas el héroe como Urías, sino que habla de estar dispuesto a “morir” a tus planes y al control de tu vida, y entregárselo a Él.
Es lo que Dios nos viene hablando en lo que va de este 2026: ponerlo a Él en primer lugar, darle el primer lugar y el control de mi vida, y que nuestra vida gire en torno a Cristo y en función de Él, y no a la inversa.
Habiendo sido salvado, rescatado y redimido (Efesios 1:7);
habiendo sido librado de la condenación del infierno (Romanos 8:1);
habiendo sido trasladado del reino de las tinieblas al reino de Cristo (Colosenses 1:13);
estando frente a frente con su luz admirable (1 Pedro 2:9);
habiendo recibido el lavamiento por su sangre (Apocalipsis 1:5),
¿vas a volver atrás?
Marcos Witt ya lo dijo: “Dios no nos trajo hasta aquí para volver atrás…”.
También Nehemías, que no cantaba como Marcos, pero decía: “Un hombre como yo, ¿ha de huir?” (Nehemías 6:11).
¿Vas a volver atrás, a la vieja forma de vida?
“El que trate de salvar su vida, la perderá…”
Si intentamos reflotar lo que murió, si buscamos vivir una vida condenada al fracaso y la perdición, si rechazamos la bendición de la salvación… “El que trate de salvar su vida, la perderá…”
La mariposa no vuelve a ser gusano, ¿pero cuántas veces queremos vivir como vivíamos antes?
El evangelio es una confrontación constante.
Ser cristiano es estar en pie de guerra contra el mundo espiritual y un sistema humano fracasado…
pero eso requiere estar dispuesto a morir y a enfrentarte a los demás.
También dijo Jesús: “No crean que yo he venido a traer paz al mundo; no he venido a traer paz, sino guerra.” (Mateo 10:34) En el mismo contexto que lo anterior: una transformación que no vuelve atrás.
¿Qué cosas extrañás de tu vieja vida?
¿Qué cosas anhelás que habías decidido abandonar?
¿A cuál de esas estás mirando con deseo o pasión?
¿Qué vida estás “salvando” que Dios te pidió soltar?
¿Por qué insistís en mirar y volver atrás?
“El que trate de salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.” (Mateo 10:39)
