Autoridad

A mediados del 1800, en plena época de revoluciones, surge el movimiento anarquista. Es más una ideología idealista que algo que pueda realizarse, porque predica una convivencia social sin un gobierno regulador y sin autoridad de control.

Es el sueño adolescente. La fantasía de Mi pobre angelito de mandarte solo y hacer lo que te venga en ganas.
Es más, me animo a decir que el anarquismo es una ideología adolescente: la reacción a unos padres castradores (en la mente de sus hijos), reflejada en el rechazo a una oligarquía dominante o a un Estado controlador.

Como sucede con los militantes de izquierda, en cualquiera de sus ramas, que luchan por un sistema fantasioso imposible de llevar a la práctica, hasta que maduran y tienen que hacerse responsables de su propia vida.

Anarquía es el “no gobierno”, algo que no puede existir; como el ateísmo, que, diciendo no creer en Dios, predica al “no Dios”, lo que resulta, en ambos casos, en una invitación al caos.

Es infantil pretender que no haya un orden o control. Es inocente hablar del gobierno de todos. Si todos gobiernan, no gobierna nadie, y eso, otra vez… es una puerta al caos y a la destrucción.

Todos debemos responder a alguien, sujetarnos a un sistema y obedecer reglas. Ese es el estado de derecho de Rousseau, que dio base al art. 19 de nuestra CN; en otras palabras: “mi derecho termina donde comienza el de los demás”.

Ayer mencioné a Salomón diciendo que “sobre un alto vigila uno más alto…” (Eclesiastés 5:8).
El tema es bajo quién te ponés.

Jesús dijo que “ningún discípulo es mayor que su maestro” (Lucas 6:40), lo que nos advierte sobre a quién ponés sobre vos, a quién reconocés como autoridad y a quién rendís cuentas.

No creas que pretender ser un Llanero Solitario de la vida te va a dar libertad y autonomía, ya que, como la anarquía y el ateísmo, si no respondés a un sistema, respondés a otro; si no aceptás el estado de derecho, vas a tener que aceptar el no derecho (la famosa ley de la jungla).

A veces la cuestión radica en elegir: ¿me sujeto a la autoridad o a la necesidad?

En el plano espiritual pasa lo mismo: o servís a Dios o estás en su contra (Mateo 12:30). No existe un punto intermedio.

Jesús dijo también:
“Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros” (Mateo 11:29-30).

¿Bajo quién estás?
¿Qué ideología adoptás?
¿Quién gobierna tus pensamientos y decisiones?

No existe la vida sin autoridad; existe la vida sin autoridad elegida.
Y cuando no elegís, siempre elegís mal.
En lo natural y en lo espiritual, alguien gobierna.

Alguien forma tus valores, dirige tus decisiones y define tus límites.

La verdadera libertad no está en sacarse el “yugo”,
sino en ponerse bajo la autoridad correcta.

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