Tiempo de Cambios

Cada vez que te enfrentás a un cambio en tu vida surge un mix de emociones contradictorias. Por un lado, la emoción del cambio (si es que es un cambio positivo); por otro lado, el temor a lo nuevo (sea positivo o negativo).

Muchas veces dije, haciendo un juego de palabras, que “todo cambio genera una crisis, y toda crisis provoca un cambio”. Hay una relación directa entre ambas situaciones que se convierte en un arma; un arma que puede ser de destrucción masiva, o simplemente de reconstrucción, como esas que se usan para limpiar terrenos o deforestar.

¿Qué hacemos con esa crisis? ¿Cómo actuamos ante el cambio?
Te decía estos días que, por naturaleza, tenemos la tendencia a permanecer como estamos. Obviamente, es más cómodo quedarte donde y como estás que tener que levantarte para moverte y avanzar. Creo que ahí depende mucho cuáles sean tus metas y motivaciones: qué querés, qué esperás, a dónde querés llegar.
Inevitablemente, para llegar a algún lado, sea cual sea, tenés que salir de donde estás. Y avanzar…

Sí, porque no alcanza solo con salir. La mujer de Lot salió de Sodoma… pero mirá lo que le pasó. Es necesario salir y avanzar. El primer paso no te lleva donde querés llegar, pero te saca de donde estás… pero no te lleva donde querés llegar. Es necesario dar otro paso, y otro, y otro más.

Es necesario tomar decisiones.
Es necesario arriesgarse a ver más allá.
Es necesario despegarse de lo cómodo y habitual.
Es necesario, a veces, “levar anclas” y zarpar.
Es necesario, a veces es necesario, “quemar las naves” para no volver atrás.

Jacob tuvo que tomar una decisión. No fue fácil, y Jacob no era un hombre muy determinado. Tuvo que salir de donde estaba porque Dios lo mandó a moverse hacia otra ciudad, Bet-El.

Era un tiempo de consagración. Un tiempo de decisiones (¡y dale con las decisiones!). De esas decisiones drásticas, determinadas y determinantes que te hacen pegar un giro de 180° en tu vida (o por lo menos de 90°), que cambian tu rumbo y también tu meta.
¡Basta de huir! Le dijo Dios a Jacob; es tiempo de establecer un pacto, que te dirija y perdure hasta tu siguiente generación.
Y así fue…

“Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que lo acompañaban: —Saquen todos los dioses extraños que hay entre ustedes, báñense y cámbiense de ropa.” (Génesis 35:2)

Decisiones. Decisiones drásticas. Decisiones determinantes. Decisiones definitorias…

En primer lugar, no era suficiente con que él (Jacob) haga un cambio y gire; toda su familia tenía que estar involucrada.
Cuando tomás una decisión, aunque la tomes solo, afectás a tu entorno y todos serán beneficiados… o perjudicados.

En segundo lugar, ya es momento de poner a Dios en primer lugar. En la época de Jacob, cada familia y cada persona tenía un dios personal: un ídolo, una estatuilla, un santito que cuidara de sus negocios y su vida. No podés alcanzar lo que Dios tiene para vos si seguís aferrado a esos pequeños dioses, los que ocupan tu tiempo, tu pensamiento… y tu fe.
¡Ya basta! Le dijo Dios a Jacob, y este a su familia y sirvientes: ¡basta de idolatrías baratas e inútiles! Es tiempo de mirar a Dios y darle a Él todo el lugar.

En tercer lugar, ¡los mandó a bañar! O la cosa venía muy olorosa… o tenían mugre pegada de andá a saber cuándo… Como sea, hay que dejar atrás las huellas de las decisiones pasadas, decisiones erradas; incluso las consecuencias de los caminos desviados o los tomados apresuradamente.
A sumergirse en la Palabra, diría Pablo; a llenarse del Espíritu, agregaría también, para quedar limpito… “Blanco Ala”, diría mi abuela, para presentarte ante Él.

Y, en último lugar, pero para mí el primero (aunque sin los anteriores este no se podía), desechá las vestiduras que te identifican con tu pasado, con el fracaso, con el vacío, con el sinsentido… y revestite de lo nuevo que Dios tiene para vos.
¡Vístanse de Cristo! diría Pablo (Romanos 13:14), que, en definitiva, es lo que necesitamos.
Una nueva vestidura, una nueva identidad, una nueva apariencia, una nueva imagen, una nueva posición.

¿Querés un cambio? ¿Esperás un cambio para tu vida? ¿Anhelás lo nuevo de Dios?

¿Qué ídolos tenés que desechar?
¿Qué dioses tenés que abandonar?
¿A qué olés: a lo nuevo o a lo viejo?
¿Hace mucho que no te sumergís en la presencia de Dios?
¿Qué ropa estás usando: la de pecador, la de fracasado, la de herido, la de caído, la de apartado, o la de elegido por Dios?

2026.
Año de Renuevo, Cambio de Posición, Tiempo de decisiones. Tiempo de Madurez.

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