¡Ay, José, José! Una figura trascendental y muy controversial.
Creído, arrogante, soberbio, sobreprotegido y malcriado.
¿Era necesario que, encima, seas tan bocón?
Es típico del malcriado. No se calla lo que piensa porque se cree superior. Por esa misma razón tuvo que ser procesado, como Jacob, su padre, para poder ser usado por Dios.
Repetición de patrones, ¿no?
Su actitud fue el enemigo de su propósito. En vez de potenciar lo que tenía, atrajo oposición. ¿Atrajo? No, creó una oposición.
Es cierto que cada vez que sobresalís, en lo que sea, alguien se va a levantar para opacarte.
Cuando un clavo sobresale del resto, el martillo está siempre listo para acomodarlo.
Pero también es cierto que tenés que alimentar tu propósito y no matarlo.
¡Obviamente era fuerte lo de José! Tanta bronca le tenían que lo apodaron por lo que odiaban.
“…ahí viene el de los sueños” decían sus hermanos en Génesis 37:19; “…vamos a matarlo…” sentencia el verso 20.
“Todo lo que el hombre siembre, eso cosecha” (Gálatas 6:7), dirían algunos (yo).
“Los mediocres no quieren salir de su mediocridad”, ¡dirían otros! (también yo).
¿Se puede invalidar un llamado y propósito? Re sí. Se puede. Como en todo lo relativo a lo que Dios tiene y quiere de nosotros, requiere de nuestra intervención, una actitud negativa, una acción retrasada o evitada, una decisión en contra o ninguna decisión pueden frenar lo que Dios quiere hacer en mí y por mí (aunque lo haga por otro medio).
No alcanza con tener un llamado.
No alcanza con tener un propósito.
No alcanza con haber sido elegido, ni siquiera con haber sido ungido.
No es cuestión de nombre, de chapa, de ser “hijo de” o “egresado de…”.
Es necesario potenciar, alimentar y activar ese propósito.
Jesús le dijo a sus discípulos, poniendo los puntos bien en claro (me encanta cómo era Jesús): “El que no está a mi favor, está en contra mía; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30).
No alcanza con estar ahí; hay que hacer lo que Él hace, te manda hacer y te capacitó para hacer.
No alcanza con estar en Betel (casa de Dios), como Jacob. Es necesario ser procesado para ser transformado.
No alcanza con estar cara a cara con Dios (Peniel) si no te aferrás a tu propósito y a su llamado.
No alcanza con tener dones, cargos y ministerio si tu propio criterio sigue estando en primer lugar.
¿Qué lugar ocupa para vos lo que Dios te dio por hacer?
¿Qué valor le das al llamado de Dios?
¿Cuánto te importan las cosas que a Dios le importan?
¿Cuánto compartís su carga por el ministerio?
No te conviertas en un obstáculo para tu llamado.
No seas una traba para lo que Dios quiere hacer en vos y con vos.
No te conviertas en enemigo de tu propósito.
