¿Con qué parámetros juzgás a los demás? Sí, no te hagas el superado: juzgás a los demás. ¿En qué te basás?, ¿qué mirás de una persona?, ¿cómo los calificás o descalificás?
Seamos sinceros. Cuando mirás a una persona mal vestida (no digo que no esté a la moda, sino con ropa desgastada, mal entrazada, rota, sucia, olorosa), ¿la sentarías a tu mesa?, ¿mantendrías una conversación? En caso de tener esa charla, ¿le darías autoridad a sus palabras?
Inevitablemente, juzgamos según lo que vemos y resolvemos en base a los preconceptos que tenemos. Si sabés que una persona es de tal raza o cultura (que no voy a mencionar ninguna), ya tenés tu preopinión sobre su comportamiento y qué podés esperar de él o de ella.
Que son mentirosos, que son “chantas”, que son falsos o tramposos. ¡Que son sucios!, que no se bañan tan seguido. Que son lentos, torpes o no les da la cabeza. Que son creídos, arrogantes, etc., etc., etc.
(Seguramente ya pasaste lista mental de gente conocida o de referencias raciales…)
¿No decían lo mismo acerca de Jesús? “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?”, dijo, muy suelto de cuerpo, el joven Natanael (Juan 1:46).
Jesús fue cuestionado por su origen, su familia, su aspecto. Los más “haters” decían que era el bastardo de una prostituta; los más “sanos”, que era un curandero, un milagrero más que andaba por los pueblos. Los peores fueron los mismos nazarenos, los que tenían referencias de su familia, los que sabían que ni María tenía mala vida y que Él no era un bastardo. Los que tal vez fueron amigos, vecinos, compañeros o clientes:
“…y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: —¿Dónde aprendió este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer esos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero, y no es María su madre? ¿No es el hermano de Santiago, José, Simón y Judas…?” (Mateo 13:54-55)
Voy a repetir algo ya bien trillado:
“Tu origen no te condiciona, tu entorno no te define, tu pasado no te condena; son tus decisiones de hoy las que determinan tu futuro”.
Pero a vos te siguen calificando por tu raza, o tu familia, o tus errores, o tus fracasos.
Tal vez te definen por tu nivel social, o por tu trabajo, o por tus estudios.
Capaz te aceptan o te rechazan por tu forma de vestir, tu forma de hablar o dónde vivís…
Solo puedo decirte: si lo hicieron con Jesús, ¿no lo van a hacer con vos? (Lucas 23:31). ¡¿O sos más que Jesús?!
Si los demás te definen, vos no les hagas ni te hagas lo mismo.
Si los demás te condicionan, no lo hagas con ellos ni te limites a esa condición.
Si los demás te califican, no sigas su costumbre ni les sigas la corriente.
Cuando intentás defenderte, solo perdés tiempo que ocuparías mejor dejando ver quién sos.
¿Qué dicen de vos?, ¿qué se ve de vos?
¿Qué argumentos tienen para calificarte?
¿Qué obras tuyas estás alumbrando para que te definan?
Dijo Jesús (y este ya lo sabés bien):
“Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).
No podés manejar lo que otros dicen de vos, pero sí podés cambiar lo que se ve de vos…
