Hay Futuro

Desde que tengo un poquito de entendimiento sobre la vida, vengo escuchando que nuestro país “no tiene futuro”. Al mismo tiempo, por supuesto, acompañado de consignas políticas donde “el futuro” siempre es fulano o mengano. La realidad es que la proyección de ciertos parámetros analizados hacia el futuro siempre dio mal… y lamentablemente, la mayoría de las veces acertaron.

No voy a hablar de política, tranquilo, es algo que me tengo prohibido. Pero realmente, en los últimos 60 años (son los que tengo de vida, hablo de lo que viví), hemos visto un retroceso en todo y “un futuro” cada vez más oscuro.

Antiguamente se pensaba y ahorraba para la casa propia. Hoy es más una utopía que una posibilidad.

Antiguamente ¡se ahorraba! Algo que hoy parece digno de una película de ciencia ficción.

Antiguamente se buscaba el título universitario para pegar el salto social. Hoy buscamos el curso rápido con salida laboral.

Antiguamente se pensaba a largo plazo; hoy nos conformamos con el día a día o, como mucho, con cubrir el de mañana.

Podría hacer una lista de, por lo menos, 10 factores en los que hemos retrocedido como sociedad (la hice, la escribí… la borré), pero no quiero levantar una bandera de duelo por la condición social, sino que tengamos los pies sobre la tierra: sí, es verdad, el futuro es incierto, la cosa está complicada, estamos en las palabras de Jesús: “…no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!” (Mateo 6:34).

¡Ah, perdón! No es un mal de hoy, no son mis 60 años vividos, es el mundo en el que estamos… siempre ha sido igual.

Lo cierto, según dice Salomón (unos cuantos años antes que Jesús)… “Lo cierto es que hay un futuro, y tu esperanza no se verá frustrada.” (Proverbios 23:18)

Si ahora me tengo que guiar por los datos (“dato mata relato”), tengo que decir que Salomón se equivocó y repetir que “no hay futuro, no hay salida”.
Pero si me guío por la fe, que es la capacidad de ver lo que no se ve, de hacer que las cosas pasen, de tener “…la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve…” (Hebreos 11:1), entonces tengo que admitir que vamos por el buen camino.

“Lo cierto…”, afirma Salomón, contradiciendo todo argumento humano o mental.
“Lo cierto…” es que la verdad de Dios está por encima de la razón (Isaías 55:8).
“Lo cierto” es que “no andamos por vista… sino por fe” (2 Corintios 5:7).

Creo que la clave está (no creo, la clave está…) en cuidar dónde ponés la mirada, qué decidís creer y a quién decidís escuchar.
La vida espiritual no está a la altura de la vida natural, sino muy por encima. Que no veas que pasen cosas no significa que no pasen; simplemente no lo ves. Que no veas a Dios obrando no significa que no lo haga, solo muestra… que no lo ves.

Dios nos está hablando estas últimas semanas, en lo que va de este 2026, de cómo alimentamos nuestra mente, de cuidar nuestros pensamientos y de tomar decisiones.

No mires tus limitaciones, mucho menos tus fracasos.
No mires tus recursos, tampoco tus capacidades.
“Poné los ojos en Jesús”, que es el autor de la fe y el que hace que se ejecute y funcione (Hebreos 12:2).
“Reconocelo a él en todos tus caminos” (Proverbios 3:6) e ignorá cualquier distracción que se te ponga por delante.
Tomate de su palabra, no de tu razón, y creé… que “Lo cierto es que hay un futuro, y tu esperanza no se verá frustrada” (Proverbios 23:18).

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