“La revelación de Cristo tiene el poder de cambiar tu realidad”. ¡Uff!
“La forma en que veas a Jesús determina lo que vayas a recibir de Él”. ¡Otro uff!
Terminamos hace un rato nomás la reunión de sanidad y peticiones. Ese tiempo especial en el que, una vez por mes, nos enfocamos especialmente en esa área y llevamos la reunión en esa dirección.
¿Es que Dios no obra otro día? Na’, que ver. Dios obra siempre que le das lugar y, por eso, para sincerarnos, a veces necesitamos dar un énfasis especial para que le des ese lugar.
Vuelvo al principio: “la manera en que ves a Jesús determina lo que vas a recibir de Él”.
Si lo ves como un maestro, vas a recibir una enseñanza.
Si lo ves como un “milagrero”, vas a tener tu milagro.
Si lo ves como lo que es, Dios hecho carne, vas a recibir salvación “y todo lo demás te será añadido” (Mateo 6:33).
A Jesús le importaba la opinión de la gente. Eso es verdad. En Mateo 16:13 les pregunta a su grupo íntimo: “¿Qué dice la gente de mí?”. Pero más que eso, le importa qué piensan esos íntimos de Él.
A Jesús le interesa saber qué pensás vos de Él.
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” —les preguntó después de preguntar por los demás— (Mateo 16:15).
¿Cómo ves a Jesús?
¿Qué pensás de Él?
¿En qué se basa tu relación con Él?
¿Tenés una relación con Él?
Lucas 2:11 nos da un panorama un poco más amplio de lo que iba a pasar. Era como la presentación de su ministerio, una tarjeta de presentación o una entrevista laboral.
“Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor”.
Así anunció el ángel a los pastores que estaban en la zona en la que Jesús nació.
“Un Salvador”. ¿Cómo ves a Jesús? ¿Solo como tu Salvador?
Llegás a Cristo, hacés tu confesión de fe. Lo recibís en tu corazón y creés que su muerte por vos te abre las puertas del cielo.
Y ya está. A vivir tu vida tranquilo, porque ¡salvo sos!
Ojo… la fe que te acercó a la salvación requiere de una acción que la acompañe.
No alcanza solamente con creer.
“Que es Cristo”. ¿Lo ves como Cristo? Cristo significa que es quien tiene la capacidad de hacer lo que fue enviado a hacer.
Listo. Asegurado. Tu salvación es perfecta. No necesitás otra cosa. No hace falta nada más. ¡Solo Cristo salva y solo en Él hay plenitud!
“El Señor”. Y acá está la diferencia. Si lo ves como Salvador, serás salvo. Y nada más. No te interesa el crecimiento ni desarrollarte en el ministerio.
Si lo ves como Cristo, recibirás un milagro, y nada más. Tal vez… ni siquiera la salvación. Tan simple como decir que te vas al infierno, sano o prosperado. Pero al infierno al fin.
Pero si lo ves como Señor, es un combo en el que entra todo. Si lo ves como dueño y como Dios, sos apto para recibir todo lo demás.
Lo que hace la diferencia es la manera en que ves a Jesús.
“Y ustedes, ¿qué piensan de mí?” —les dijo a su mesa chica—.
“Y vos… ¿qué decís de Él?”
