Enfoque

Si tuviera que hacer una lista de los considerados “males de este tiempo”, tal vez me olvide de algunos y no estés de acuerdo con otros. Posiblemente haya un factor objetivo y, tal vez, algunas cosas que para mí son un síntoma de estos tiempos para vos sean una bendición, o al revés.

Mirá, tengo varios en mente que van a decir: “¡Amén!”.
El uso del celular está considerado casi, casi como una pandemia. ¿Estás de acuerdo?
¡Viste! Y para mí es un logro genial de la tecnología que resuelve infinidad de situaciones.

Cuando empecé a estudiar la Biblia, allá lejos y hace tiempo (por los 90), necesitaba la mesa del comedor para tener distintas Biblias abiertas y poder comparar; a un lado, un comentario bíblico o dos; al otro lado, la infaltable concordancia Strong.

Hoy todo eso lo tengo… ¡en el celular!

Sí, ya sé todo lo que vas a decir: “que aísla a la gente, que rompe relaciones, que daña la comunicación social, que te convierte en egoísta, que no te importan los demás y el infaltable… que estás todo el día con la cabeza inclinada”.

Ok. ¿Es culpa del celular o del que lo usa?
Para que no haya crímenes, ¿prohibimos las armas?
Para que no haya alcohólicos, ¿prohibimos el vino?

Nunca dejes de lado la responsabilidad personal.
Así como la raíz de todos los males no es el dinero, sino “el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10), el problema social a consecuencia del celular no es del celular, sino del que lo usa.

Incluso cosas tan importantes como las de alto nivel espiritual, Dios las pone bajo nuestro criterio y responsabilidad.
A veces oramos para que Dios elimine problemas y obstáculos de nuestro caminar, amparados en el “no nos dejes caer en tentación” (Mateo 6:13), pero la manera de Dios de no dejarnos caer en tentación es: “…cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos” (Santiago 1:14).

Dijo Jesús:
“…lo que ustedes aten aquí en la tierra, también quedará atado en el cielo, y lo que ustedes desaten aquí en la tierra, también quedará desatado en el cielo” (Mateo 18:18).
¿Quién tiene que atar? Yo.
¿Quién tiene que desatar? Yo.

Nunca dejes de lado tu responsabilidad personal.

Tenés un llamado, tenés un propósito, tenés una función para la que Dios te creó.
En eso para lo que fuiste creado, Dios te va a usar.
Dios espera que te muevas en ese don, ese llamado. Y no solo moverte, sino “llevar fruto y que ese fruto permanezca” (Juan 15:16).
Y que lo que hagas, lo hagas bien.

Moisés fue llamado por Dios para liberar a su pueblo de la opresión egipcia. No hubo otra razón: desde el día de su nacimiento, el propósito de la vida de Moisés fue convertirse en un libertador. Por esa misma razón fue criado por su madre, pero formado en la corte egipcia, para cambiar su mentalidad y tener amor por Dios y por el pueblo de Dios, pero carácter de libertador y no de esclavo.

Después del fabuloso encuentro y de comisionarlo, después de la discusión sobre si es apto o no (Éxodo 4:1-9), después de provocar el enojo de Dios al rechazar su llamado (Éxodo 4:13-14), no solo menospreciando su ministerio sino considerando que Dios se equivoca, después de que Dios le concedió una de sus peticiones (con doble intención), le dice:

“…Cuando llegues a Egipto, pon toda tu atención en hacer ante el faraón las maravillas que te he dado el poder de realizar. Yo, por mi parte, voy a hacer que él se ponga terco y que no deje salir a los israelitas” (Éxodo 4:21).

Te decía de los males de este tiempo, y sin hacer un juicio de valor sobre otras cosas, creo que uno de los más presentes son la procrastinación y la dispersión.

Las redes sociales cambian constantemente sus criterios de visualización para captar la atención del usuario.
Tiene que ser muy interesante lo que estés viendo, o muy gracioso o atractivo, para quedarte más de un minuto con un video.

Ansiedad.
Déficit de atención.
Falta de enfoque y concentración.

Se me ocurren unos cuantos “entre líneas” en las palabras de Dios.
No puedo asegurarlo, no puedo fundamentarlo ni puedo poner en boca de Dios palabras que Él no dijo; pero conociendo el corazón humano, puedo inferir el punto crucial:

“Cuando llegues a Egipto, no te pongas a saludar viejos amigos, no recorras el barrio, no te deslumbres por el viejo lujo que ostentabas, no chusmees sobre política; poné toda tu atención en hacer lo que te mandé hacer” (versión WAE).

Siempre vamos a tener muchas cosas por hacer. ¡Que eso siempre sea así!
Junto con la capacidad de gobierno que siempre menciono que Dios nos dio, también nos dio la capacidad creativa. Estamos preparados para hacer, crear y resolver. Cuanto más uso le damos a esas capacidades, más se desarrollan. Cuanto más estudiamos o nos enfocamos, más crecemos intelectualmente y nos convertimos en “siervos eficaces y eficientes”.

¿Viste cuando dicen: “¡Una cosa tenías que hacer!” y ni esa una pudiste hacer bien?
¿Te acordás del tercero de la parábola de los talentos? Una cosa tenía que hacer. No la hizo. ¿Qué pasó?

“Y a este empleado inútil, échenlo fuera, a la oscuridad. Entonces vendrán el llanto y la desesperación” (Mateo 25:30).

Por eso Pablo —¡un capo!—: “…una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás y me extiendo hacia lo que está adelante; prosigo a la meta…” (Filipenses 3:13-14).

“Una cosa hago…”

¿Cuál vas a hacer?
¿Cuál vas a dejar sin hacer?
¿En qué te vas a enfocar?
¿Cuántas cosas querés abarcar?

Tenés un llamado, tenés un propósito: que a través de tu vida se vea a Cristo reflejado.

Dejar un comentario