De tiempos y edades

Te lo dije ayer: desde su nacimiento (en realidad, desde antes), Dios preparó a Moisés para que fuera el libertador de la opresión de Egipto.

En realidad, la liberación la hizo Dios, pero como Dios hace las cosas por medio de sus siervos y hoy por medio de la Iglesia, y como siempre se requiere de la intervención de los hijos de Dios para conformar su plan y su obra, Dios obró por medio y a través de Moisés.

Es loco: uno pensaría que “lo lógico” para semejante tarea era usar un hombre joven, lleno de vitalidad y fuerza, en sus “años mozos” (¡qué frase arcaica y anticuada!). Dicen que la plenitud física del hombre está en sus 30. Entre los 30 y los 40 son los años que combinan fuerza, virilidad, pasión y razón. Antes de los 30 prevalecen las hormonas; después de los 40 toma su lugar la mente y la razón.

Hago una aclaración: me refiero a la plenitud humana en la cadena de la vida, en ser parte de un árbol genealógico para cumplir el mandato divino de “fructificar y multiplicarse” (Génesis 1:28); porque, si hablamos de plenitud… yo la pondría mucho más tarde.

Hoy puedo decir que la plenitud está en la madurez, la realización personal, familiar y ministerial; en ver el fruto de tu camino, ver tu familia, ver tus hijos establecidos. En tener una mente lúcida, en pensar en dejar un legado, en ser más mental que pasional u hormonal.

Pero la fuerza… es otra cosa.

Acá me encuentro en un dilema. Digo que se esperaría que Dios usara a un Moisés joven y fuerte, pero ¿y si necesitaba uno más maduro y estable? No sé, también puede ser.

Porque la realidad es que ni a los 30, ni a los 40, ni a los 50. ¡Tampoco a los 60 ni a los 70!
Dice Éxodo 7:7 que “Moisés tenía ochenta años, y Aarón ochenta y tres, cuando hablaron con el faraón”. (Moisés tenía unos cuarenta cuando fue llamado por Dios).

¡Ochenta años! ¿Te quedan ganas de hacer esas largas caminatas desde Madián hasta el norte de Egipto? ¿Tenés ganas, a esa edad, de enfrentarte a las inclemencias del desierto y la perversidad de los hombres?
Sin embargo, parece que para Dios Moisés estaba “a punto caramelo”.

Antes de que me digas que “en esa época las edades eran distintas”, y que argumentes que “la gente se moría a los 300 años, Moisés era todavía un joven”, tengo que decirte que Moisés murió a los 120 años (Deuteronomio 34:7), apenas 40 años después de comenzar su gesta libertadora y 80 después de haber sido llamado. Por lo tanto, comparado con la edad actual, a lo sumo te acepto que me digas… “es como uno de 60/70 de hoy”.

A ver, hombres de 60 (ejemm…) ¿tienen ganas de bancarse cosas que ya no tienen ganas de bancarse? ¿Tienen fuerzas o ganas de empezar proyectos a largo plazo? Yo no. ¿Vos?

Recuerdo un momento trascendental en mi vida. ¡Cómo olvidarlo! Estaba delante de una decisión muy importante.

Siempre tuve un llamado pastoral, apenas convertido, y estaba por dar ese paso.
Mi pastor quería convencerme de grandes cosas que vendrían si me quedaba como estaba, pero como Jeremías, “no podía callar la voz en mi interior” (Jeremías 20:9).

Tenía entonces 45 años y dije: “Si no lo hago ahora, no lo voy a hacer jamás”.
¿Hubiera tenido ganas a los 50, 55, 60… de comenzar una obra? Difícil…
Y no me arrepiento de la decisión que tomé.

El llamado de Moisés se ejecutó tras 80 años de espera. La promesa a Abraham se cumplió a sus 95. ¿Por qué pensás que se terminó tu tiempo?

Dijo Almafuerte: “No te des por vencido, ni aun vencido”.
Dice el refranero: “Lo último que se pierde es la esperanza”.
Dijo Jesús: “No se apagará la llama que humea” (Isaías 42:3; Mateo 12:20).

No te limites por la edad.
No apagues tu sueño ni entierres la promesa.
No te detengas, ¡ni siquiera por tus pocas fuerzas! Le dijo Dios a Gedeón: “Ve con esta tu fuerza” (Jueces 6:14).

Que no se haya cumplido no significa que no vaya a pasar; solo dice que el proceso sigue en actividad.

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