Estructuras

Me divierte mucho cuando veo personas que defienden a ultranza las estructuras religiosas o las formas “correctas” en las que se debe hacer la obra de Dios, normalmente amparados en 1 Corintios 14, que dice que Dios es “un Dios de orden” (v. 33).

¿Es Dios un Dios de orden? Por supuesto que sí. ¿Pero cómo funciona este “orden” de Dios?

Pienso en el día de Pentecostés, en Hechos 2, cuando se escuchó un fuerte ruido, como un viento recio (Hechos 2:2), y entonces se vio un resplandor sobre la cabeza de los presentes (Hechos 2:3), y de golpe estos empezaron a hablar en lenguas extrañas, algunas conocidas y otras no… y no puedo llamar a eso “orden”.

El orden de Dios y la forma de obrar de Dios no es la que encaja en nuestro sistema y mucho menos en nuestra estructura, rutina o… esteee… mediocridad.
¡Cuántas veces he dicho que para Dios 2 + 2 no siempre es igual a 4! Sino que a veces puede ser 3 o 5 también.

Si no fuera así… ¿cómo puede ser que 9 sea más que 10? Sí, ¿cómo puede ser que el 90% alcance y sea suficiente solo por sacarle un 10% al 100%? (Uh, ya apareció el “maldito” diezmo).

Dios no obra según nuestra experiencia, conocimientos, estructuras mentales, razonamientos y, repito, mediocridad.
Dios obra a su propia manera, siguiendo sus propios códigos y métodos, para hacer su propio plan.

Dicen, por ejemplo, que “la distancia más corta entre dos puntos es la recta”, y es totalmente cierto; pero, sin embargo, cuando Israel salió de Egipto y Dios los guió camino a la nueva tierra, no los llevó en línea recta, sino que “les hizo dar un rodeo por el camino del desierto que lleva al Mar Rojo” (Éxodo 13:18), porque, aclara, “pensó que los israelitas no querrían pelear cuando tuvieran que hacerlo, y que preferirían regresar a Egipto” (Éxodo 13:17).

La distancia más corta es la recta, pero no siempre la más conveniente, sino que la mejor es siempre la forma en que Dios quiera hacer las cosas.

Digo… ¿por qué limitamos a Dios a nuestra manera? ¿Por qué lo encasillamos en nuestras formas?

Recuerdo la historia de Pedro liberado de la cárcel. La iglesia se había reunido para orar por él y por esa liberación. Clamaban a Dios y le pedían su intervención. Y el ángel lo sacó.
Pedro llega a la casa, llama a la puerta, y los que estaban orando por él no creyeron que fuera él (Hechos 12:12–16).

¿Por qué limitamos el poder de Dios pretendiendo que haga las cosas según nuestro criterio y voluntad?

¿Por qué rechazamos, o juzgamos, criticamos o condenamos cuando vemos una manera distinta?

¿Por qué atar las manos de Dios con nuestra propia mediocridad e incredulidad? (Marcos 6:5–6).

Dios hace las cosas de manera distinta a lo que esperamos, ¡y qué bueno que así sea! De ese modo podemos encontrarnos con que las haga “…mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…” (Efesios 3:20).

Dios hace las cosas como quiere, a su manera, ¡como se le da la gana! Y ese es el orden de Dios.

No limites el poder de Dios.
No te ates a tu propia limitación.
No juzgues las formas de Dios.
No te creas más correcto que Dios.

“Despojate de lo viejo, renová tu mente (dejá que Dios te transforme), cambiá tu manera de pensar, vestite del hombre nuevo… ese creado a la manera de Dios…” (Efesios 4:22–24).

Dejar un comentario