Pesas y Medidas

En el año 1875 se establece el sistema métrico decimal para regular las medidas de las cosas y evitar las avivadas comerciales y estafas a la hora de comprar.

Imaginate que antes de eso, las medidas dependían de lo largo que tuvieras el dedo gordo, el pie, el antebrazo o la palma de la mano.
Era necesario establecer un “patrón” una medida única y universal.

El patrón de medida de Dios es “todo”. Puede sonar un poco reaccionario. Puede parecer autoritario o dictatorial. Puede resultarte chocante. Está bien, después de todo, “el evangelio es una confrontación constante”.

Mi primer pastor decía: “Dios no pide mucho, Dios pide todo”, y para un hombre recién llegando a los treinta… ¡es un montón!
¿Dónde queda el vivir tu vida? ¿Dónde entran tu tiempo libre, tus gustos, tu esparcimiento y diversión?
Sí, es un montón.

Pero también hay otra verdad que gira alrededor de esta: Dios es Dios.
¿Es demasiada revelación? No creo, tenés la capacidad para entenderlo y digerirlo. Dios es Dios.

La medida de Dios es todo y, aunque Él pide todo, como decía el ruso, se conforma con menos, con mucho menos. ¿Podés creer que se conforma con menos y aun eso lo cuestionamos?

Un religioso de la época de Jesús lo apuró con una pregunta, seguramente con intenciones de hacerle morder el palito. Sí, no cambiaron mucho; ahora hacen lo mismo y son tan violentos como aquellos.
¡Ay, estos que predican amor y te insultan condenándote al infierno!
¡Ay de estos que dicen que solo se debe predicar salvación y arrepentimiento, pero disfrutan pidiendo “la ira de Dios” sobre tu vida!

El mundo es cíclico, las modas vuelven, los fariseos se reciclan constantemente y, como las cucarachas, permanecen.

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?” (Mateo 22:36), a lo que Jesús responde sin vueltas:
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” (Mateo 22:37-38)

¿Cuál es el patrón de medida de Dios? ¡Todo!

“Con todo tu corazón”. Si entendemos, según la teología, que el “corazón” representa a nuestro ser interior, nuestra actitud, nuestra forma de ser, nuestro carácter y “espíritu humano”… Jesús nos estaría diciendo que debemos amar a Dios…

“Con todo lo que está en nosotros, con nuestra esencia, con nuestra actitud, con las cosas que hacemos y cómo nos movemos y comportamos, con nuestra forma de ser, obviamente con nuestro carácter y todo lo que nos hace ser un “ser racional”…”

Pero no se queda con eso, sino que agrega: “…con toda tu alma”.
El alma es el asiento de la voluntad, los sentimientos y las emociones. Con esto, Jesús nos dice que (¡ay!) debemos amar a Dios…

“Con todas tus emociones, con todos tus sentimientos y con toda tu voluntad”.
Lo que vendría a ser, para simplificarlo, que no deberías tener emociones y sentimientos para otra cosa, y que tu voluntad, la disposición, “las ganas” de hacer algo, deberían estar enfocadas totalmente en amar a Dios.

¿Te dije? El evangelio es una confrontación constante.

¡Pero tampoco termina acá! Sino que Jesús hace una apuesta un poco más fuerte diciendo: “…y con toda tu mente”.

¡Con toda tu mente! Esa que Pablo dice que debe ser renovada. Esa que Juan dice que es la medida de nuestra prosperidad. Esa que Pablo también dice que convive con la de Cristo. Esa que determina quién somos, qué somos y hacia dónde vamos.

Debemos, entonces, amar a Dios…

“Con el perfil de nuestra personalidad, con lo que determina qué soy, con mis metas y estrategias, con mi forma de pensar…”
(¡Chofer, acá me bajo!)

Pero, como te dije, Dios se conforma con menos.
Solo te pide que lo pongas en primer lugar. Que no le restes importancia a las otras cosas, que no dejes de preocuparte por lo que te importa, que no hagas de tu vida un sacerdocio o te conviertas en monje.
Pero que lo pongas, al menos, en primer lugar.

Él sabe, te aseguro que sabe, que para vos el primer lugar lo tenés vos. Sí, podrá ser un poco más o un poco menos. Si sos madre, ese lugar estará peleado con tus hijos. Pero, a la larga, sos tu prioridad. Por eso te pide que “ames a los demás con la medida que te amás a vos” (versión propia de Mateo 22:39).
Pero que no te olvides de Él, que a Él lo pongas en primer lugar.

¿Amás a Dios? Aunque te cueste y estés luchando con eso, yo sé que sí.
¿Cuánto lo amás? ¡Ufff!

El patrón de medida de Dios… es todo.

3 comentarios en “Pesas y Medidas

  1. Amo a Dios con todas mis fuerzas y por sobre todas las cosas y mi voluntad rindo ante Él. Y se que su voluntad me gobierna. Aunque eso no significa que quizás pueda cometer errores, sufra aflicciones y pase por diversas pruebas xq en definitiva , en la multiformas de Dios todo obra para bien para los que están en Cristo .y paso paso seremos perfeccionados en el tiempo perfecto de Dios, entendiendo que aquel que empezó la buena obra la terminará .

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