Aislamientos

¿Cuál es la obsesión de Dios con los aislamientos? Si hacemos un análisis totalmente objetivo de las veces en que sacó a alguien de su entorno para tener un trato personal, no quedaría más que pensarlo como sectario, adoctrinador o manipulador.

Viste que es una característica de esos lugares, también —ya que estamos—, de la persona tóxica, obsesiva y posesiva que termina siendo normalmente abusiva y golpeadora: te saca de tu entorno, te aísla de tu familia y amigos y comienza un adoctrinamiento posesivo y dominante.

Por eso, creo, hay quienes consideran que la iglesia tiene rasgos sectarios, ya que suele haber algún tipo de distanciamiento cuando te acercás a Dios.

Pero ese distanciamiento sucede por causas naturales y no provocadas: empezás a ser, pensar y sentir distinto, y eso hace que cambies tu círculo de amistades, por ejemplo.

Muy por el contrario, la iglesia no quiere que te aísles, sino que te abras a los demás, para poder ser luz, para que vean tu transformación, para que puedan tener la misma oportunidad que tuviste vos de experimentar una vida distinta.

El evangelio es una experiencia sobrenatural “transformadora” que te cambia de posición y te coloca delante de una nueva realidad, visión y meta.

Haciendo un paréntesis, tengo que reconocer que sí: hubo quienes, levantando la bandera de Cristo y el evangelio, adoctrinaron, abusaron, estafaron y lastimaron a personas inocentes que buscaban sinceramente un cambio en sus vidas.

También es cierto que hubo otros que hicieron lo mismo, pero sin mala intención, sino desde la ignorancia religiosa. Pero lamentablemente el resultado fue el mismo: poner un manto de duda sobre la iglesia de Cristo, la obra de Dios.

Volviendo al punto, la iglesia no te aísla, pero vemos a Dios… sacando a Abraham de su tierra (Génesis 12:1), hablando con Moisés en el desierto (Éxodo 3:1–6), separando a Abraham de Lot (Génesis 13:8–11), dividiendo a los hijos de Jacob en grupos separados (Génesis 32:7–8) y, en forma global, dando instrucciones a Israel toda de no mezclarse con las demás naciones (Deuteronomio 7:1–6).

¿Vamos a Jesús?
Se iba a orar solo (Marcos 1:35), llevó a tres aparte y al monte (Mateo 17:1–2), sacó al ciego de su casa (Marcos 8:23), etc., etc., etc.

¿Por qué se obsesiona el Señor en sacarte de tu lugar?

El ser humano es un “ser social”. Fuimos creados para vivir en comunidad y relacionarnos unos con otros. Como toda relación, el intercambio social necesita hacer concesiones, a veces por necesidad y otras solo por gusto, pero vas adquiriendo una conciencia comunitaria o social.

Independientemente de cuán antisocial seas (¡te conozco!), en la cola del banco, la del mercado, la del colectivo… siempre surge algo que te hace conversar. Tal vez no quieras hacerlo, pero siempre aparece alguien que se obsesiona en hablar con vos. Necesitamos tener un punto en común: alguien a quien alabar o criticar, o el clima, que está siempre a mano. ¿Viste qué loco este verano?

¡Ni qué hablar de la adolescencia! En otra ocasión escribí sobre esto y es algo para tener en cuenta: el adolescente tiene una conciencia comunitaria antes que individual. Se mueven en masa, actúan en masa, adquieren hábitos y costumbres en masa, se visten y peinan todos igual. Es el paso previo a desarrollar su propia personalidad y el paso necesario para despegarse del niño bajo el ala de papá y mamá.

Cuando te movés con una conciencia social, tu pensamiento está ligado al del otro, tus acciones dependen y refieren a otro, tus decisiones son influenciadas (aunque no dirigidas) por otros.

Entonces, para poder hablarte y que dé fruto, Dios necesita sacarte de tu entorno.

No es adoctrinamiento, es enfoque.
No es manipulación, es abstracción.
Es buscar tu respuesta libre de influencias que alteren lo que Dios quiere hacer con vos.

“Entonces Moisés llevó al pueblo fuera del campamento para encontrarse con Dios, y se detuvieron al pie del monte.” (Éxodo 19:17)

Cuando Dios quiere hablarte, te va a sacar de tu entorno.
Cuando Dios quiere respuestas, te va a hablar cara a cara, sin testigos.
Cuando Dios te confronte, no lo hace delante de otros.

Cuando Dios quiera edificarte, te va a llevar al otro lado (Marcos 4:35).
Cuando haya mucho ruido social o mental, te va a llevar al silencio del monte.
Cuando tengas que tomar una decisión, te va a quitar las distracciones.

No en vano Jesús dijo: “…cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto.” (Mateo 6:6)

¿Qué cosas ocupan tu mente?
¿Cuánto ruido hay a tu alrededor?
¿Podés pensar y decidir libremente?

¿En qué contexto te encontrás con Dios?
Mientras hablás con Él, ¿qué ocupa tu mente?

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