Vasijas

Hace unos días hice mención a la unificación del sistema de medidas, para evitar las confusiones y estafas que se daban con las conversiones. Siempre que hay distintas reglas o métodos de medición, ya sea lineales, de peso o incluso moneda, queda la puerta abierta para el negociado, el abuso y el robo.
¿Escuchaste los problemas que tuvieron varios turistas argentinos en Brasil? Hay que estar muy despierto para evitar que te manipulen y quieran hacerte pagar fortunas jugando con el tipo de cambio.

Con las medidas de capacidad (o volumen) pasa exactamente lo mismo. Todavía tenemos diferencias con el mundo anglosajón, porque siguen usando, por ejemplo, la onza y el galón (ese lo entendemos un poquito más). Pero cuando vamos a la Biblia necesitamos usar (en las versiones tradicionales) las “tablas de pesos y medidas” que te convertían el log, el hin, el seá, el efa o bato, y el homer, en mediciones entendibles. ¡Gracias a Dios también por esto, por las versiones nuevas!, que las traducen a litros para que podamos comprender.

Por ejemplo, Juan 2:6 dice que había “seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros” (RV60), y la RVC aclara: “…cada una con capacidad de más de cincuenta litros”. Gracias a esta conversión entendemos que, aproximadamente, el milagro fue con ¡300 litros de vino!

O cuando Elías, en una humilde muestra de arrogancia espiritual, manda que llenen el altar de agua para pedir a Dios que envíe fuego del cielo, y la RV60 dice: “…Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez…” (1 Reyes 18:34). Las versiones nuevas no aportan nada, pero sabiendo que un cántaro tenía aproximadamente 25 litros, podemos ver la magnitud del milagro, ya que arrojaron unos… ¡300 litros de agua!

¿Habrá alguna relación? (¡shhhh…!)

Conocer y reconocer la capacidad de las cosas te permite un mayor entendimiento. Y también te ayuda a no hacer enchastres. ¿Acaso no te pasó de querer volcar el contenido de una olla en un tupper y quedó chico?

La Biblia usa las “vasijas” como un ejemplo del cristiano (en realidad no se dice ejemplo, sino “tipo”, pero si te digo “tipo” vas a preguntar de quién estoy hablando…).
Eso no quiere decir que nuestra “capacidad” oscile entre 20 y 25 litros de líquido (¿habrá algún significado oculto?), sino que somos un recipiente del Espíritu y la unción del Espíritu de Dios:

Las vasijas de la viuda de 2 Reyes 4 representan a las “almas” (mejor decir personas) que debían ser llenas de Dios. Evangelismo.

La tinaja de la viuda de Sarepta, de 1 Reyes 17, nos habla de que Dios puede hacer mucho aún con lo poco, si se lo damos a Él.

Las de Juan 2 hablan de transformación, de que aún el agua “pasada” puede convertirse en vino nuevo por medio de la mano de Dios.

Y como vasijas, cada uno tenemos una capacidad.
Algunos pueden con mucho; otros, con poco.
Algunos manejan grandes responsabilidades; otros, pocas.
Algunos acaparan más; otros, menos.
Pero todos funcionamos según nuestra capacidad.

El error está en lo del tupper: pretender que alguien maneje algo mayor a lo que puede sostener; o, al revés, subestimar su capacidad y provocar desánimo al darle mucho menos de lo que puede administrar. Así como la medida de Dios es “todo”, la medida del cristiano es “todo… según su capacidad”.

El hacendado de la historia que cuenta Jesús repartió sus bienes para ser administrados. Uno recibió cinco bienes, el otro dos y el tercero apenas uno. En realidad, ninguno recibió más que el otro, sino cada uno el 100 % de lo que podía manejar. La clave y la prueba de esto está en la respuesta que el dueño les dio al volver. Tanto al de cinco como al de dos, les dijo exactamente las mismas palabras: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más” (Mateo 25:21, 23).

El problema lo tuvo el tercero… el que pensó que, como se le dio poco, no tenía condiciones y entonces, por desconocimiento, una imagen errónea del dueño y enfocarse en sus limitaciones, fue desechado y humillado… por no actuar según su capacidad.
(Tenemos que cambiar nuestra manera de pensar)

Haciendo un paréntesis y cerrando ya (tengo que preparar la prédica de hoy), esto me hizo recordar la declaración 2023: “Año de excelencia” (¡tres años pasaron ya!). ¿Qué es ofrecerle a Dios “excelencia”? Es darle el máximo de mi capacidad (¿te acordás de la “catarata de chanes”?).

¿Cuál es tu capacidad? No importa. Bueno, sí importa, porque es lo que tenés que darle a Dios y recibir de su mano para manejar.
¿Entonces? ¿Cuál es tu capacidad?
Ni más ni menos, y tan simple como… la medida de lo que Dios te pide y la medida de lo que Dios espera que hagas “con tus fuerzas”, con tu capacidad

Dios no te va a pedir nada que no puedas hacer, y el solo hecho de que Dios te pida algo, que espere algo de vos, que te mande hacer o cambiar algo, demuestra que tenés la capacidad… para hacerlo.

“A uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje” (Mateo 25:15).

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