Héroes sin Capa

La famosa frase de Stan Lee en Spiderman sigue siendo cada vez más real y vigente: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

En el caso de Peter Parker, su responsabilidad consistía en aprender a usar sus poderes, manejarlos y enfocarse. Además, y muy importante, no aprovechar esos poderes para un beneficio o venganza personal.

Tendría que agregar que también tenía que hacerse cargo de las consecuencias del libre uso de ese poder.

Hubo otros superhéroes que no tenían poderes, pero eso no los eximía de hacerse cargo de su función.

Recuerdo a Linterna Verde: era más un detective que un superhéroe. No hubiera existido si no fuera por su anillo.

Hablando de verdes… estaba Arrow, Flecha Verde, que tampoco tenía poderes más que su habilidad en la lucha.

Y el infaltable, único e insuperable Bruce Wayne (bueno, Bruno Díaz), que con solo ponerse su traje se convertía en Batman (¡aguante Alfred!).

Para estos, el poder y la responsabilidad estaban en la investidura. Era lo que convertía en héroe a un hombre común. Era lo que cambiaba su imagen, su función y su relación con la gente.

Si Batman se sacaba la capa, era solo el millonario de Ciudad Gótica, cuyo poder se limitaba a su chequera.

Pero con capa y máscara, con Alfred y la tía (a Robin dejalo), era el Hombre Murciélago, con su supercinturón que podía esconder hasta un departamento en su hebilla.

¿Qué es un policía sin su uniforme?
En los países anglosajones, ¿qué es un juez sin su toga?

La investidura es lo que da la autoridad a la función.
La capa es la que le da a Batman la cobertura que esconde su humanidad y la autoridad para “encerrar a los malos”.
La investidura es la que marca la diferencia.

Todos somos iguales ante Dios, pero el ejercicio de una posición dada por Dios —ese gran poder— carga con una responsabilidad que, sin hacerte distinto, te coloca en otra posición de exigencias, requisitos y, otra vez, responsabilidad.

Todos somos iguales ante Dios, pero algunos tenemos que demostrar la autoridad, no con gritos ni reclamos, sino con la vestidura que corresponde a una función y a un llamado.

¿Se te ocurriría ir a un casamiento en chancletas y ruleros, al mejor estilo “doña Florinda”?
¿Te acordás de ese al que echaron de la fiesta por no estar vestido para la ocasión? (Mateo 22:11–13)
¡Chan!

Así mismo, no deberías ejercer un ministerio actuando “de entre casa”.

La autoridad de tu llamado está dada por Dios, pero esa autoridad debe ser reconocida por medio de la investidura.

Dice Éxodo 28:35 que “Aarón debe llevar puesta la capa cuando oficie como sacerdote, para que cuando entre en el santuario ante el Señor, o cuando salga, se oiga el sonido de las campanas y así él no muera”.

¿Viste cuando salió eso de que “el hijo debe actuar como hijo, el discípulo como discípulo, y el ministro como ministro”?

¿Cuál es tu rol, tu función y tu llamado?
¿Cuál es tu capa, tu investidura y tu responsabilidad?

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