Puede sonar antibíblico, lo sé. Hasta puede parecer casi… religioso (¡Dios me libre!), soy consciente; pero “hablar con Dios” no es para cualquiera.
Tal vez vino a tu mente, como a mí ahora, que “Moisés hablaba cara a cara con Dios como lo hace con un amigo” (Éxodo 33:11), y en ese contexto estás de acuerdo conmigo: “hablar con Dios” no es para cualquiera.
Pero si entendemos que “orar es hablar con Dios”… ¿por qué habría excepciones o requisitos?
Cuando Dios instituyó el santuario, puso muchas restricciones y exigencias para habilitar el acceso a su presencia y de qué manera cada uno debía hacerlo.
Era una época distinta y estaban “bajo la ley”, pero vos y yo estamos “bajo la gracia”.
Por eso Hebreos es una puerta abierta, una invitación, una tarjeta VIP y un acceso exclusivo: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:16), donde muestra dos verdades claras:
1. Podés acercarte porque reina “la gracia”.
2. Hacelo “confiadamente”, tranquilo, sin temor a ser consumido porque se aceptó tu contraseña y la sangre de Jesús te dio el acceso.
Pero (siempre hay un pero) también dice Hebreos que “cuando nos acercamos a Dios es necesario… creer que él está” (Hebreos 11:6).
Así que, si se trata de requisitos, requisitos hay.
No digo que tengas que ponerte calzoncillos de lino para cubrir tu intimidad para no ofender a Dios (Éxodo 28:42).
Tampoco que tengas que rociarte siete días con sangre de cordero o paloma (Levítico 8:33–35).
Mucho menos todavía tener que matar un cordero todas las mañanas y tardes (Éxodo 29:38–39).
Pero hace falta una preparación.
El Señor le dijo a Moisés:
“Prepárate también para subir al monte Sinaí mañana por la mañana, y preséntate ante mí en la parte más alta del monte.” (Éxodo 34:2)
Acercarse a Dios no es para cualquiera; presentarse delante de Dios no es tan sencillo: hay algunos requisitos, hace falta estar preparado, se necesita fe y hace falta disposición. (¡No alcanza con creer!)
Previamente Dios les había dicho: “Quítense sus joyas” (Éxodo 33:5–6).
Hay cosas que hay que dejar para presentarte ante Dios.
También les dijo: “No pasen este límite” (Éxodo 19:12).
Hay que saber “ubicarse” delante de Dios.
Incluso les dijo que el pueblo debía permanecer a distancia (Éxodo 24:1–2).
Hay que tener una actitud reverente delante del Señor.
Como sea, no es algo así nomás; hay que “prepararse” y “estar preparado” para subir a la presencia de Dios.
¿Cuál es tu actitud?
¿Cuál es tu postura?
¿Cómo te preparás para acercarte a tu Dios y Señor?
¿Creés que él está?
¿Sabés que está ahí?
¿Sos consciente de su cercanía?
¿Tenés en cuenta su señorío?
Hablar con Dios puede ser para cualquiera. Acercarse a Dios tiene sus “vericuetos”…
Hace falta darse cuenta de que es Dios; es fundamental creer que él está.
Hace falta tener disposición.

Un comentario en “Requisitos”