Plenitud

Myles Munroe define al éxito como “encontrar tu propósito y cumplirlo”. Él mismo dice que hay muchas personas que nunca llegan a alcanzar la realización personal (prefiero llamarlo “plenitud”) porque no lograron cumplir su propósito.

En esa línea, Rick Warren dice que fuimos creados con un propósito. Que Dios “repartió dones a los hombres” (Efesios 4:8) y que esos dones son la herramienta para ejercer la función para la que fuimos creados.

Sí, vuelvo: fuimos creados para cumplir una función, y hacerlo trae plenitud. En otras palabras, solo vas a disfrutar plenamente de la vida cuando hagas aquello para lo que fuiste creado.

Esto no se limita a la vida cristiana o al ministerio; es para tu vida en general.

Tal vez fuiste creado para ser artista, profesional, médico, arquitecto o ingeniero. Tal vez tengas capacidad para ser empresario, banquero o un bohemio artesano. Tu “realización” está en desarrollar tus dones y tu capacidad.

Como Bezaleel y Aholiab, tenían talento para la construcción, la orfebrería y el uso de las telas. De eso vivían, y con eso sirvieron a Dios (Éxodo 31:1–6; 35:30–35).

Pero, como hablamos de vida cristiana y ministerio, hablemos de la plenitud de ser cristiano y de servir a Dios.

Pablo dice con total soltura que “en Cristo estamos completos” (Colosenses 2:10), o sea que no necesitamos nada ni nadie que “nos complete”, sino solo a Él.

También dice que “la iglesia es la plenitud” (Efesios 1:23), mostrando que servir a Dios es el “top” de la realización personal (si para eso fuiste llamado) y donde podés desarrollar esos dones que Él te dio.

Posiblemente te estés preguntando ahora “cuáles son esos dones y cómo reconocés el tuyo”, pero eso es para otra reflexión.

Servir a Dios te da plenitud, cumplir tu propósito te llena; pero eso no exime de esfuerzo, renunciamientos y entrega total.

Cuando miramos a Jesús y miramos su obra, sabemos que estamos viendo a Dios.

Cuando hablamos de la cruz, vemos a un hombre que dio su vida para salvarnos.

Una dualidad que explica la encarnación: Jesús se hizo hombre sin dejar de ser Dios; pero se despojó de su divinidad para hacerse hombre.

Por eso, paréntesis del día: no te conformes con decir ¡era Dios! cuando sos confrontado a hacer lo que Él hizo. Si Él lo hizo, vos podés hacerlo (y más aún, según Juan 14:12: “mayores cosas harán”).
Cerramos paréntesis…

Jesús vino a cumplir el plan de Dios; nació con un propósito, y ese propósito incluía morir.

Jesús cumplió su propósito y por eso alcanzó plenitud (“Dios lo exaltó hasta lo sumo”, dice Filipenses 2:9).

Pero esa plenitud no fue sin esfuerzo, sin entrega, sin dolor…

“Jesús dio otra vez un fuerte grito, y murió.” (Mateo 27:50)

Por eso mismo, servir a Dios es una decisión voluntaria. Te da plenitud, pero vos decidís hacerlo.
Nadie puede obligarte, como al pobre Simón de Cirene, que sin tener nada que ver le encajaron la cruz (Mateo 27:32).

Cumplir tu propósito es tu razón de existir. Desarrollar tu llamado te da plenitud.

No evites los procesos, no escapes a las pruebas, no pierdas la oportunidad de sentirte pleno por algo que no quieras entregar, por algo que no quieras dejar, por algo que quieras evitar.

Fuiste creado… con un propósito.

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