Hoy es un tema del que hablan los motivadores, coaches ontológicos, entrenadores de ventas e incluso los cursos de PNL (Programación Neurolingüística): podés dirigir y modificar tu mente por medio de tus palabras.
Hoy parece algo muy fantasioso o futurista, pero ya estaba escrito hace miles de años en la Biblia, ese libro que estos que te mencioné recién tratan de anticuado, manipulador y fabulero.
Antiguamente se decía, con cierto grado de exageración y misticismo: “¡Tu palabra tiene poder!”, lo que es totalmente cierto: tu palabra tiene poder. Dios programó nuestro cerebro para que reaccione a nuestros dichos y con ellos va adaptando su estructura neuronal para tener una pronta respuesta.
Dios nos creó para estar en la cima de la autoridad de la creación, y eso nos coloca naturalmente en una posición defensiva. Por naturaleza somos vigilantes del entorno para guardar nuestra propia vida y familia; somos centinelas de nuestra casa para evitar ser atacados o “cazados”. ¿Qué te resulta más fácil: pensar que todo va a estar bien o que todo va a salir mal?
Ahí tenés la clave y la prueba. Para pensar en lo positivo tenemos que enfocarnos, concentrarnos y actuar, y de esa manera “echamos fuera” los pensamientos negativos. Entonces lo natural es el pensamiento de peligro, de prevención, incluso de temor, porque el temor es una alerta ante lo desconocido y peligroso.
Por eso es que cada vez que decís: “no puedo”, “no tengo”, “no alcanzo”, “todo me pasa a mí”, “estoy mal”, “esto no va a cambiar”, “no voy a poder salir de esto”, etc., etc., etc., al tiempo te encontrás con que se hizo realidad. Lo peor es que, cuando se hace realidad por tu “fe negativa”, ¡creés que era real! No podías, no tenías la manera, etc., etc., etc.
¿Qué pasó? Se combinaron el poder de la fe, el poder formativo de nuestras palabras, con la recepción previsora de la mente, y ese combo produjo los resultados temidos… y esperados.
¿No dijo acaso Job: “lo que temí me aconteció” (Job 3:25)? ¿No dijo acaso en varias ocasiones Jesús: “conforme a tu fe sea hecho” (Mateo 9:29; Mateo 8:13)? ¿No dijo acaso Salomón —y ese es el tema de hoy—: “Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras” y “La vida y la muerte dependen de la lengua…” (Proverbios 18:20–21)?
Es más… también dijo Jesús, haciendo de esto un principio: “…en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado” (Mateo 12:36 DHH). ¿Cuál es el problema con las “palabras inútiles”? Si son inútiles, ¿qué daño pueden causar, qué efecto pueden tener? Nada, ninguno, solo que “tus palabras tienen poder”.
Hace unos días vi una publicidad que me chocó y causó gracia al mismo tiempo. Me puso en conflicto conmigo mismo y en una lucha de criterios. Era un curso de “PNL cristiano” (Programación Neurolingüística Cristiana) que, por medio de la Palabra de Dios, te enseña a programar tu mente para obtener resultados favorables para tu vida, tanto espiritual como material.
Me generó conflicto porque dije: “¡Qué bueno! ¡Qué falta que hace!”. Pero ahí viene la otra parte: por la módica suma ¡rebajada! de USD 6,90 (unos $10.000), te llevás (te llega) un “PDF” con versículos para “reprogramar tu mente”. ¡Ay!
¿Qué hago? ¿Empiezo a vender devocionales, cursos y prédicas? ¿Empezamos a cobrar las charlas de sanidad interior? La manipulación evangélica no se terminó con la paternidad espiritual y el evangelio de la prosperidad, sino que… ¡la creatividad no tiene límites!
¿Estarías dispuesto a pagar $10.000 por un archivo por mail con versículos?
Si la respuesta es sí, tenemos que hablar seriamente, algo no estoy haciendo bien (pero si querés… ¡hablame en privado! —¡no! ¡mentira!—).
“Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras” (Proverbios 18:20 DHH).
Tus palabras te pueden proveer.
Tus palabras te pueden sostener.
Tus palabras te pueden afirmar…
Pero tus palabras te pueden condenar.
¿Qué decís de vos? ¿Qué te decís a vos?
Cambiá tus palabras limitantes por otras que te empujen, te afirmen, te animen.
Hablá en sintonía con lo que Dios quiere hacer con vos.
“Confesá con tu boca” el lugar al cual Dios te quiere llevar y la condición en la que te quiere encontrar.
