Elecciones

Dicen que a medida que pasan los años te volvés más selectivo. Dicen, no lo sé, porque todavía soy un niño. Pero me va pasando justamente eso.

Te volvés selectivo en muchas cosas… ya hace unos años que decidí “elegir mis batallas” y no engancharme en todas las que vengan. Hay que ver si el oponente lo vale o si el tema es lo suficientemente relevante.
Tengo un amigo que suele compartirme videos cristianos, a veces graciosos sobre las costumbres pentecostales tradicionales o también sobre algún “cristichanta” de esos que pueblan las redes.

Hay dos clases de “cristichantas”: los manipuladores abusivos económicos y los dueños de la sana doctrina que se creen jueces de todos los demás. Ambos son grotescamente divertidos.

Pero a veces (más de lo que yo quisiera) me comparte videos con alusiones políticas. Acá tengo que detenerme a aclarar que tenemos una visión distinta de las ideologías políticas y, si bien somos bastante cercanos en ideas, tenemos muchas diferencias.
Bueno, en esos, no comento, no respondo, no la sigo.

Elijo dónde ir… y dónde “no ir”. Así como ya tengo mis preferencias, incluso en salidas o vacaciones, prefiero estar menos días pero no tener que lidiar con arena, animales corriendo (los de cuatro patas y los otros también), sol insoportable, vientos molestos, gente como los vientos, reguetoneros, cuarteteros, “cumbivilleros” y “ferneceros”.
Prefiero la tranquilidad, el silencio, hoy el río o lago antes que el mar; la montaña, monte, cerro o sierra antes que la llanura calurosa mosquitera con olor a deposiciones vacunas y, repito, agua y arena.

Y obviamente elijo con quién estar.

Lo mismo sucede cuando tenés que realizar alguna tarea. Elegís a tu equipo según la confianza, capacidad y eficiencia. No te juntás solo con amigos y por “amiguismo”, haciendo “la gran Roboam”, porque estarías destinado al fracaso. Te rodeás con gente que “sume” a la meta y no reste del plan.

Demás está decir que el mismo criterio se aplica a una sociedad. Si bien soy bastante reacio a las sociedades, cuando se mueven dentro de los parámetros divinos funcionan y funcionan bien. Por lo tanto, ¿qué vas a elegir? ¿Vas a hacer un “yugo desigual” para ganarte más problemas que soluciones? (2 Corintios 6:14).

Creo que en realidad ser selectivo no es solo una cuestión de edad, me parece que tiene más que ver con madurez. Lo que sí es cierto es que “normalmente” la edad aporta a la madurez (normalmente, no siempre, ¡eh!). Porque la madurez sí te hace ser selectivo, elegir con quién compartís, de quién te rodeás, con quién te juntás y, ya que estamos… qué batallas pelear.

Jesús no era un hombre grande. Sí, era un hombre grande, adulto, pero no lo que nosotros consideramos “un hombre grande”. Él estaba en sus treinta (Lucas 3:23), lo que hoy sería todavía la etapa de plenitud, incluso de juventud. Si bien es cierto que en el siglo I la expectativa de vida era mucho menor… Jesús no pertenecía a la tercera edad, no era un anciano, ni siquiera un “silver” (una nueva definición para los +50).
No era un hombre grande, era “un gran hombre” y, aunque no era un hombre maduro, era un hombre… maduro. (sí, entendiste).

En varias ocasiones lo vemos ser “selectivo”:
Cuando tenía que descansar, iba a la casa de Lázaro (Lucas 10:38–42; Juan 12:1–2).
Cuando subió al “monte de la transfiguración” no fue con todos, estaban solo “Pedro, Santiago y Juan” (Mateo 17:1; Marcos 9:2; Lucas 9:28).
Cuando fue a orar al monte, previo a su arresto, se llevó a “Pedro, Santiago y Juan” (Marcos 14:33).
Cuando fue determinado a resucitar a la hija de Jairo, fue con ¡uy! “Pedro, Santiago y Juan”, (Marcos 5:37).

¡Qué curioso que en dos eventos tan importantes eligiera a las mismas personas y no a otros!

Estos tres se convirtieron a futuro en pilares de la iglesia. Estos tres son de los que se conoce un registro histórico de sus viajes, escritos y legado. Estos tres dejaron cartas “universales” (para ser leídas por todos) que hoy están en el Nuevo Testamento. Pero ¿llegaron a eso porque Jesús los eligió? ¿O Jesús los eligió porque llegarían a eso?

Rodeate de personas que vayan en tu misma dirección.
Juntate con aquellos que estén en tu misma sintonía.
Buscá relacionarte con los que sumen… tratá de distanciarte de los que dividen… o restan.
Elegí con quién vas a estar… para saber dónde vas a llegar.

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