No se toman decisiones en momentos de éxtasis. No se toman decisiones cuando estás muy contento o muy triste. No se toman decisiones sin analizar las razones y medir las consecuencias, ya que todas las decisiones tienen en sí mismas una cuota de responsabilidad.
Hace unas horas vivimos una de esas experiencias que te quedan marcadas en la retina y en el corazón: 42 “decisiones” vieron la luz al dar un paso de fe, gritando con esta decisión que Jesús no es una religión, sino un cambio de vida.
42 personas hoy decidieron “pasar por las aguas del bautismo”. Una decisión pensada, analizada, razonada y evaluada.
Una decisión confrontadora, porque el evangelio es así, es una confrontación constante.
¿Algunos habrán dudado? Seguramente.
¿Algunos habrán dado marcha atrás? Posiblemente, y no me parece mal. No, no me parece mal; es mejor no avanzar si no hay convicción que hacerlo sin tenerla.
El bautismo es una decisión.
La muerte de Juan el Bautista fue un evento político. Tiene muchos condimentos que la relacionan con la corrupción de la casta política y las miserias humanas.
Bueno, la corrupción de la política es una miseria humana.
Herodes respetaba a Juan, le tenía cierto “temor reverente”; lo veía como un hombre de Dios, ese Dios que debería ser “su” Dios… pero el poder es más fuerte.
Herodes hizo una fiesta, la crema de la sociedad estaba en el palacio y la hija de su esposa bailó para él.
Su madre la había instruido para usar su seducción para influir en las decisiones de Herodes. Sí, mujer, tenés ese poder; Dios te lo dio para ser ayuda idónea. Pedile a Él sabiduría para usarlo correctamente.
Y Herodías bailó, bailó, bailó… más las jarras de vino que corrían, y Herodes no resistió:
“…el baile gustó tanto a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha: —Pídeme lo que quieras, y te lo daré.” (Marcos 6:22)
¿Y qué le pidió? La cabeza, en una bandeja, de Juan el Bautista. (Marcos 6:23)
No se toman decisiones cuando no tenés control de tus emociones. No se toman decisiones bajo influencias externas o de terceros. No se toman decisiones estando muy triste o estando muy contento.
Este es un año de confrontaciones fuertes, es un año de decisiones fuertes… como los que se bautizaron, como vos si fuiste uno de ellos.
Decisiones que te van a llevar a vivir de otra manera.
No tomes decisiones sin analizar, razonar y, sobre todo, evaluar.
No tomes decisiones de otros ni por otros.
Tomá las decisiones que te lleven a la meta que querés alcanzar…
(El camino que estás tomando ¿te está llevando a ese lugar?)
