¿Suficientes?

La iglesia está creciendo, y me da miedo. El crecimiento es o debería ser algo normal y esperado. Es más, la Biblia habla implícitamente del “crecimiento natural de la iglesia” que, como una planta cualquiera, no sabés cómo crece, sino que mientras dormís se va desarrollando hasta llegar a la madurez (Marcos 4:26–29).

Lo mismo pasa en la biología: existe un “crecimiento natural”. Una persona crece aunque no sea alimentada. Obviamente va a crecer mal, va a tener tasas de musculatura e incluso desarrollo neurológico deficientes, pero va a crecer. También va a morir antes de lo normal y en el proceso va a enfrentar infinidad de enfermedades por falta de defensas, pero va a crecer.

De un organismo vivo… ¡se espera que crezca! Y la iglesia es un organismo vivo.

Por eso me da miedo. Porque la iglesia está creciendo y va a seguir creciendo. En primer lugar, hoy me encontré haciendo cálculos estadísticos a futuro para más o menos prevenir… lo inevitable. Eso no me dio miedo, me dio pánico… Si la cosa sigue así, el año próximo superamos la capacidad del lugar… y eso es malo, porque si no conseguimos otro lugar… la gente se va.
¿Irías a un lugar donde te sentís apretado e incómodo?

Pero no es solo eso lo que me da miedo, también es por el alimento. ¿Estaremos alimentando bien a “las ovejas”? ¿Estaremos haciendo un buen trabajo? Recordá que el crecimiento es natural… aunque no haya alimento.
¿Y cómo sé si estoy proveyendo de alimento? Por el fruto y el resultado.

¿Están fuertes?
¿Están firmes?
¿Dan fruto?
¿Se multiplican a sí mismas?
¿Se desarrollan según lo esperado?
¿Tienen el peso y altura que deberían tener en esta etapa?
¿Y las enfermedades? ¿Se contagian de cualquier bicho que ande suelto?
¿Se recuperan rápido?

Y… ahí estamos, haciendo algunos análisis para ver si hay falta de hierro o glóbulos blancos…

Pero aun en el caso de que estén fuertes y regordetas (sin alusiones personales…), todavía tengo miedo.
Miedo de no dar abasto para poder sostener, contener y alimentar.

Jesús ya lo dijo, y al menos sirve de aliciente: “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros” (Mateo 9:37). Y eso sigue pasando todavía hoy. La cosecha está siendo abundante… ¿y los obreros?

Eran pocos los obreros cuando había que dar de comer a la gente. No solo eran pocos, sino que no tenían qué darles.
Mateo 14:21 y Marcos 6:44 dicen que fueron “como unos cinco mil hombres”, sin contar a las mujeres ni los niños; o sea que cuando los dividieron “en grupos de cincuenta y en grupos de cien” (Marcos 6:40) eran, por lo menos, cincuenta grupos de cien personas o cien grupos de cincuenta.

Si me quedo con esta segunda opción y veo cuántos “meseros” había (12), resulta que cada discípulo tuvo que atender a un mínimo de ocho grupos cada uno de ellos, unas cuatrocientas personas para cada “obrero”.

¿Especulativo? ¡Totalmente! Pero me sujeto a lo que la Biblia dice, y esto de mínima, porque si dejara llevar mi mente a que siempre hay más mujeres que hombres, y estas con sus hijos… capaz llegamos a las quince mil personas… más de mil por cada discípulo.

¿Por qué me enredo en estas cuentas? Porque la disposición y la fe valen más que la cantidad. No se trata de que haya muchos, sino de que los pocos estén dispuestos a involucrarse, no miren el reloj ni el cansancio, y se ocupen de asistir a los demás.

¿Y por qué tengo miedo? Y porque tengo miedo…
¿Habrá al menos doce dispuestos a creer?
¿Habrá al menos doce que se animen a hacer?
¿Habrá al menos doce que no se achiquen y “hagan sentar a la gente” (Marcos 6:39)?

“Denles ustedes de comer” (Marcos 6:37), les dijo Jesús.
“Háganse cargo ustedes mismos”, les estaba diciendo.
“Solo vengan a buscar la provisión, pero arremánguense, ajústense las túnicas y empiecen a contener”, era lo que tenían que entender.
¿Sabías que algunas veces Dios depende de vos? ¡Ay!

Cuando terminaron de comer y de limpiar, Jesús se quedó a saludar a la gente (pastor que no se relacione con la gente no es pastor). Entonces les dice a quienes trabajaron todo el día (y tarde) que “suban a la barca y crucen al otro lado antes que él…” (Marcos 6:45).
“Antes que él”. ¿Entendés? Fueron solos, sin él.

¿Sabías que Dios espera que tengas una actitud proactiva, que sumes iniciativa, y que no esperes que para todo se te diga qué hacer?

¿Te das cuenta de que Jesús les dijo que se encarguen ellos de alimentar a la gente?

¿Entendés que, como a los tres de la parábola de los talentos (Mateo 25:14–30), te dejó una tarea por hacer y tus excusas, cuestionamientos y justificaciones no valen?

Dependemos de Dios, en todo.
Pero Dios no nos va a mandar a hacer lo que ya nos dijo que debemos hacer; así como no nos va a dar algo por hacer que no tengamos la capacidad de hacer.
¡Tiempo de decisiones! Tiempo de madurez…

Yo sigo teniendo miedo. Miedo de que en algún momento me diga: “¿Y qué hiciste con lo que te dejé por hacer…?”
O que me diga: “¿Por qué no les diste de comer?”

No te quedes sentado a esperar que te llamen ni a esperar que te den.
Tomá tu lugar, empezá a acomodar a la gente… a darles pertenencia e identidad… y a llevarles comida… “hasta que todos queden saciados” (Mateo 14:20; Marcos 6:42).

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