Caídas

Tengo ya unos cuantos años de creyente y otros tantos de pastor ¡y lo vi tantas veces! Alguna vez escuché un refrán que decía: “El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”, y es verdad… es un especialista en conducta humana y sabe cómo llevarnos de la nariz.

No, no me estoy volviendo religioso espiritualoide; el diablo sigue teniendo el poder limitado que Dios le permite tener y no puede hacer más de lo que le dejamos hacer; pero ahí está el problema: nuestra inmadurez le da a este ser un poder que no tiene y lo revestimos de autoridad. Hay una triste realidad: lo escuchamos con mayor facilidad de lo que reconocemos la voz de Dios… ¿será que Dios pone trabas? ¿O que nuestra tendencia natural es recibir lo carnal y negativo, lo seductor y “prohibido”, antes que la oferta de Dios?

Sí, es cierto, Dios también es seductor, pero a diferencia de “don sata”, no se rebaja ni se regala; mantiene sus principios y su posición.

¿Sabés a cuántos vi alejarse de Dios por “no ser dignos” de presentarse ante Él?
¿Sabés a cuántos vi creer que “Dios no los iba a aceptar”?
¿Sabés a cuántos escuché decir que “le fallaron a Dios”?
¿Sabés cuántos otros me dijeron que tenían vergüenza aún de orar?
¡¿Qué?! ¿Vos sos uno más?

Equivocarse es una característica humana. Ya lo dijo alguien hace cientos de años: “Errare humanum est” (errar es humano). Dicho en otras palabras: si sos humano, te vas a equivocar.

El error, la equivocación, es el mecanismo natural de aprendizaje: intentás algo, te sale mal, cambiás la manera, volvés a intentar. Ahí entra la otra frase del refranero popular: “Nadie nació sabiendo”.
Gracias a eso aprendiste a caminar, a andar en triciclo, en bicicleta, a manejar… a amar…

Equivocarnos es el “detalle” que nos hace distintos; que así como la “razón” o razonamiento lógico nos diferencia de los animales, la capacidad de decidir y equivocarnos nos distancia de la perfección de las “máquinas”.

¿Preferirá Dios la adoración mecánica de la última generación de IA?
¿Sentirá más sincera la alabanza de un animal… si es que este pudiera entender que existe Dios?
¿Querrá Dios más a un sistema operativo y algún superprocesador que al hombre que ha creado?

Y habiéndonos creado, ¿desconoce acaso nuestras miserias y limitaciones? ¿O fueron el riesgo a correr a cambio del libre albedrío?

(Esto ya se parece más a un tratado de teología del hombre que a una reflexión devocional).

Sí, conoce. Está bien al tanto. “Conoce que somos polvo” (Salmo 103:14), y nuestras pasiones desordenadas (Gálatas 5:16–17).

¿Y entonces? Y entonces tenemos que ocuparnos de conocer a Dios más que lo que conocemos las “maquinaciones diabólicas” (2 Corintios 2:11), y conocer más su Palabra para rechazar y combatir los “dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).

Así que, aunque el legalismo religioso se regodee condenándote al infierno por tu pecado, Dios ya tiene previstas tus caídas y el camino para levantarte y volver a empezar.

Así lo relata Salomón: “…porque aunque caiga siete veces, otras tantas se levantará…” (Proverbios 24:16).

Lo único que puede mantenerte caído, tirado y condenado no es Dios, sino tu religiosidad, tu falta de conocimiento de Dios, tu terquedad y tu falta de entendimiento de la Palabra.
En cuanto a Dios: cuantas veces te caigas, tantas veces te levanta.

(Y solo tu rechazo a ser levantado te separa o aleja de Dios).

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