La humanidad es una raza compleja. No, la humanidad no, el ser humano.
Si bien somos el pináculo de la creación de Dios, algunos nos lo hemos creído a título personal (me incluyo solo para ser empático).
La culpa la tiene Dios. Sí, totalmente. Dios es el responsable. En varias ocasiones te dije que fuimos creados con “capacidad de gobierno”, la necesaria y suficiente para tener una actitud de superioridad y autoridad. Después de todo, ¿no dijo Dios que nos la dio para “someter y sojuzgar” a todo lo creado? (Génesis 1:26–28).
Sí, es cierto, y acá está el punto: Dios dio esa instrucción a un hombre perfecto y antes de la caída. Somos el resultado de esa perfección y esa caída, y esa autoridad se pervirtió, convirtiéndose en autoritarismo, soberbia, arrogancia e impiedad.
¿Te diste cuenta de que todas las cartas de Pablo hablan de sujetar el temperamento y ser remoldeados al carácter de Cristo? (Romanos 8:29; Efesios 4:22–24; Filipenses 2:5).
Es el mismo proceso al que se sometió José. No, el de María no, el otro, el de Jacob.
Nació como el nene mimado, se convirtió en el favorito de su padre, se crió creyéndose superior como algo totalmente normal (Génesis 37:3–4). Recibió un llamado de parte de Dios (aunque no lo entendiera al principio) para estar en la cúspide del poder (Génesis 37:5–11). Y así fue (Génesis 41:39–41).
Pero tuvo que ser procesado, tratado, triturado, hecho polvo… para poder ser alguien funcional al plan de Dios (Génesis 39–40; Salmo 105:19).
Esta es una parte que no nos conviene saltear. Si no pasa hoy, será en otro momento, pero antes de llegar a la posición para la que Dios te preparó, vas a tener que ser moldeado, vas a tener que cambiar tu manera de pensar. ¡Si hasta quienes caminaron con Jesús pasaron por lo mismo!
Supongo que Jesús y sus discípulos serían gente en buen estado físico. No sé si la imagen que nos dejó “The Chosen” es muy real; ahí vemos cuerpos fitness, pero ellos dedicaban mucho tiempo de su día a día a caminar. (Sin olvidar el tipo de alimentación que tenían: mucha fibra, poco o nada de colesterol, alto omega 3).
Por mi parte, yo hoy tomé la tremenda decisión de caminar 400 metros para ir a un compromiso que tenía (fue una elección bien meditada), pero no sé si podría hacer los kilómetros que ellos hacían diariamente.
Creo que Pedro estuvo muy acertado al decir que Jesús “nos dejó sus pisadas” para seguirlas (1 Pedro 2:21).
Jesús y los suyos iban caminando a Capernaúm y se ve que durante el camino… pasaron cosas:
“Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó: —¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino?” (Marcos 9:33).
Como buenos muchachos, amigos, “niños espirituales”, iban discutiendo entre ellos mientras Jesús estaría enfocado en lo que iban a hacer al llegar o en lo que había pasado en el lugar del cual salieron. ¿Viste cuando te vas de vacaciones y en el asiento de atrás se están sacando los ojos? Bueno, así…
Y no solamente era una discusión de amigos y hermanos, sino que discutían por una posición. Otra vez el conflicto de la “capacidad de gobierno”: “…se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante.” (Marcos 9:34).
Ahí vino la importantísima lección de Jesús sobre el servicio y el liderazgo, que no es el foco de esta reflexión. En 9:35 les responde que “Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.” Algo que atenta completamente contra el orgullo natural, racional y carnal del ser humano ¡y encima argentino!
Mientras sigamos enredados en luchas de poder, quedaremos estancados en nuestro crecimiento. Pablo lidiaba con esto, y más que nada con los soberbios corintios: “…aún son gente carnal. Pues mientras haya entre ustedes celos, contiendas y divisiones, serán gente carnal y vivirán según criterios humanos.” (1 Corintios 3:3). Y se ve que con el tiempo la cosa no mejoró, porque en la segunda carta les dice: “Me temo que entre ustedes hay pleitos, envidias, enojos, divisiones, calumnias, chismes, insolencias y desórdenes.” (2 Corintios 12:20).
Las competencias, discusiones y rivalidades solo te estancan. Discutís con tu compañero, haciéndolo tu adversario, creyendo que puede sacarte el lugar que Dios te dio; pero si alguien te lo saca, solo es porque no lo ocupás, como Esaú con su primogenitura, ¿te acordás?
Si alguien puede sacarte el lugar, entonces nunca fue tuyo.
Y si es tuyo, nadie te lo podrá quitar.
¿Sobre qué vas discutiendo en este “camino”?
¿Con quién estás acumulando celos, envidias y rivalidades?
¿A quién mirás con recelo o rencor?
¿Quién creés que va tras lo tuyo?
Jesús les acomodó las ideas a sus discípulos, como después lo tuvo que hacer con la esposa de Zebedeo (Mateo 20:20–28).
Los caminos llevan a una meta.
No te distraigas en el camino.
No arriesgues desviarte de tu meta.
Dejá de mirar al costado.
Caminá.
Madurá.
Serví.
Los niños discuten por sus juguetes y por sus lugares.
El Reino no se hereda por competencia, se conquista con madurez.
