Delegados

Entre los principios fundamentales del liderazgo está la delegación (aprovechá que estamos por arrancar el taller de liderazgo). Delegar actividades y saber hacerlo es una parte vital del crecimiento de cualquier institución. En nuestro caso hablamos de la iglesia, pero es un principio que aplica a cualquier organización.

Delegar rompe con el famoso “¡todo lo tengo que hacer yo!”, dejando al descubierto la verdadera razón de los conflictos: una obsesión por el control y una falta de capacidad de delegación. El líder que no delega está limitando su propio crecimiento y el de los demás.

Por el contrario, está el otro, el que delega todo, pero se calza el “ya saben lo que tienen que hacer”. El líder que no controla el trabajo delegado, el que no supervisa lo que manda hacer, es tanto o más incapaz que el controlador que no da lugar.

A esta altura estarás pensando qué tiene esto de reflexión devocional. Y capaz tengas un poco de razón, pero como el devocional es lo que Dios me habla… esto es lo que Dios me habló: que hay que delegar y saber delegar, y algo más… que enseguida vas a leer.

Números 4 nos está mostrando la organización del armado y desarmado del tabernáculo para ser trasladado. Como una gran carpa de circo, tenía infinitos tirantes, piezas, sogas, telas, etc., en su parte exterior; así como lámparas, vasijas, mesas, altares, etc., en su interior, que debían ser movidos siguiendo un sistema para evitar roturas, pérdidas o incluso sacrilegios.
¡Era necesario armar equipos de trabajo para semejante tarea! (Salvo que Moisés y Aarón hicieran todo el trabajo solos).

Dios instruye a Moisés y este al pueblo a repartir estas tareas entre las familias sacerdotales. Para eso hace un censo por medio del cual conocer la cantidad de levitas “aptos” para servir en el tabernáculo (Números 4:23, 41).
¿Aptos? Sí, aptos. No era suficiente con pertenecer al linaje sacerdotal; tenían que cumplir algunos requisitos, entre ellos la edad y algunas habilidades necesarias para la obra. La delegación es fundamental, pero saber delegar lo es más.

¿Repartimos tareas por amistad?
¿Por afectos?
¿Por familia?
¿O por habilidad, aptitud y capacidad?

No fue suficiente con eso, sino que había que darles instrucciones. La tarea era muy compleja y delicada; había riesgos, incluso de muerte (Números 4:18–20).
La delegación es imprescindible, saber delegar es importantísimo, pero dar las instrucciones apropiadas es crucial. ¿No dijo Pablo: “¿Cómo sabrán si no hay quien les predique?” (Romanos 10:14)?

No alcanza con delegar: es necesario controlar.
De nada sirve controlar si no enseñás lo que deben hacer.
Es inútil delegar sin dar las instrucciones precisas.

Y tal vez te seguirás preguntando en qué te edifica saber esto. Tal vez no seas líder, tal vez no tengas gente o una organización a cargo, y si es así te entiendo. El saber nunca ocupa lugar, pero acumular conocimiento para no llevarlo a la práctica es como creer que tenés un Mercedes Benz o un Tesla solo porque tenés el logo de acero de adorno en tu repisa…

Pero en lo que sí te edifica es en entender que sos un delegado. No, no digo que seas sindicalista (que tal vez lo seas), ni que seas vocero de algún gremio en particular. Sino que se te delegó una tarea.
Fuiste llamado, fuiste elegido y previamente fuiste formado.

Hay una función y un lugar en el mundo natural y espiritual que tiene tu forma.
Hay algo “para lo que fuiste creado”, y nadie mejor que vos va a cubrir esa área y ser bendecido por Dios por hacerlo.

¿Sabés cuál es esa tarea?
¿Se te dieron las instrucciones necesarias?
¿Estás rindiendo cuentas a alguien?
¿Está alguno controlando tu evolución?
¿Sabés si estás dando fruto?

Salomón dijo sabiamente (¡Salomón!) que “…sobre un alto vigila uno más alto y uno más alto está sobre ambos” (Eclesiastés 5:8), entendiendo que rendimos cuentas a Dios de todo lo que se nos dio por hacer.

Pablo mismo afina este concepto al decir que, aunque tengamos jefes terrenales y supervisores de nuestras tareas, “servimos a Cristo” y todo lo que hagamos debemos hacerlo como “sirviéndolo a él” (Colosenses 3:24).
¿Será por eso que puso “supervisores”? (obispos = epískopos = supervisores) (Filipenses 1:1).

Examiná tu caminar en Cristo.
Poné metas para evaluar tu crecimiento.
Rendí cuentas a tus líderes, jefes, superiores.
Aceptá el “Desafío Marzo” de no ser caprichoso y hacer las cosas a la manera de Dios.

“Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad.” (2 Timoteo 2:15)

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