¡Cómo me gustaba! Si bien llegué a Cristo en medio de la renovación de la alabanza, viví la época de los coritos pentecostales, los himnos de gloria y las marchas de triunfo.
Nuestro primer pastor era un hombre que intentaba renovarse. A pesar de ser de origen eslavo y extracción religiosa y legalista, quería dar un giro a su ministerio. Se introducían cosas nuevas: ¡teníamos batería! Pero seguíamos cantando coritos (menos mal que había batería…).
Y uno de los que más me gustaba cantar (y dirigir)… “Dios es nuestro amparo…”. ¿Lo conocés? ¿Te acordás?
Empieza lento… va in crescendo y revienta en fiesta arriba: “¡No, no, no pasará!”
¿Qué cosa “no pasará”? La palabra de Dios.
En eso tengo que reconocer el efecto positivo de los “coritos”. Se cantaba palabra, se declaraba palabra, se aprendía la palabra.
Recuerdo que mi primera experiencia en la iglesia fue en una Semana Santa… allá por 1992 (sí, el siglo pasado. ¿Algún problema?).
Y ese día, sin entender nada, volví a mi casa cantando: “Mantos y palmas desplegando va… ¡Hossana! ¡Hossana al Rey!”.
(Ojo que estamos volviendo, eh… “Eres digno de adorar” tiene palabra; “Tumba las mesas”… ¡mortal!)
¡Qué gran verdad! La del corito, y la de la palabra:
“El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras [dijo Jesús] no dejarán de cumplirse.” (Marcos 13:31)
Casualmente (de esas casuales casualidades), por ahí vamos a ir esta noche. Bueno, más o menos. Bueno, no tan menos. Todo queda en segundo plano ante la palabra de Dios (en todas sus formas y presentaciones).
Ya lo dije hace unos días (¿otra vez, pastor?). Acúsenme de bautista, pero la Biblia está por sobre todo. Desde los 90 para acá han aparecido infinitas modas que querían ponerse por encima, pero ya lo dice el texto: “aún el cielo y la tierra… pero la palabra no va a pasar”.
Hace unos años un amigo me dijo: “Predicar Biblia es anticuado, ahora hay otros recursos”. Este mismo amigo, después de sortear alguna que otra crisis personal, hoy comparte en redes… palabra de Dios.
¡Me encantan los congresos! Son muy buenos los seminarios. Que siga habiendo talleres. Pero ¡aguante el discipulado personal! y la relevancia de la palabra de Dios.
La pandemia nos re sirvió en eso. Fue lo único positivo de ese año y medio de opresión. La cuarentena nos acercó a la Biblia, y esa palabra nos mantuvo de pie.
Que puedas vivir todas las experiencias sociales y espirituales que la iglesia te ofrezca y acerque.
Que puedas hacer todo tipo de cursos y talleres.
Que puedas participar de cuanto evento, congreso, breakthrough y lo que sea… pero que no te falte la palabra de Dios.
La palabra te edifica.
La palabra te levanta.
La palabra te restaura.
La palabra te sana.
La palabra te empodera.
La palabra te potencia.
La palabra te dirige.
La palabra te forma.
La palabra te salva…
¿Cómo te llevás con la palabra de Dios?
“Dios es nuestro amparo,
Nuestra fortaleza,
Nuestro pronto auxilio
En la tribulación.
Aunque se traspasen
Los montes a la mar
//Aunque la tierra tiemble
Tenemos que confiar.//
//Cielo y tierra podrán pasar
Más su palabra no pasará//
No, no, no pasará…
¡No, no, no pasará!
