A veces hay cosas que tienen olor a castigo, pero que terminan siendo un acto de amor.
Sí, no te sorprendas. Incluso el “castigo” del Edén fue un acto de amor. Dios había creado un mundo perfecto para que lo habite un hombre perfecto. El problema fue que, para ser un hombre perfecto, debía tener autoridad sobre sus decisiones… y ya sabés lo que pasó.
Adán y Eva fueron creados perfectos e inmortales. Por lo tanto, iban a vivir para siempre y reproducirse por siempre, formando una humanidad perfecta. Pero el plan se rompió.
¡Ya no eran perfectos! La famosa manzanita (que no era una manzana, ¡perdón, Steve Jobs!) alteró todo el plan.
No eran perfectos, pero seguían siendo inmortales, así que ahora el fruto iba a ser… una humanidad imperfecta, con pecado, en un mundo perfecto. ¡Caos!
Así que la muerte no fue un castigo, sino un acto de amor y misericordia de parte de Dios para evitar la propagación eterna del pecado y, al contrario, ofrecer un plan alternativo: el plan de salvación en Cristo.
Por eso, cuando vemos a Dios “castigando” al sacerdote Zacarías por bocón, tenemos que aprender a ver más allá. Sí, fue un incrédulo. Sí, no tuvo fe, no le creyó a Dios. ¿Y cómo, siendo sacerdote, no le creía a Dios? ¿Y cómo, no creyendo a Dios, pudo ser un sacerdote?
Porque Dios se para sobre sí mismo y no sobre tu, mi o nuestra capacidad. Si Dios tuviera que depender de nosotros para hacer su obra, la humanidad entera ya estaría perdida; por eso nos dio su espíritu, unción y herramientas para que seamos el envase, los “zombies” guiados por su espíritu para hacer su voluntad.
Tengamos en cuenta también que, a la vista humana, ¿cómo puede ser que una pareja fiel a Dios y justa en su proceder fuera estéril? ¿No era que la esterilidad era un castigo de Dios o señal de no estar presente? ¿No era que la “fertilidad” era una señal de la presencia y acompañamiento de Dios?
Sí a todo, pero una vez más nos muestra que Dios hace las cosas a su manera y no a la nuestra y, de paso, rompe ese mito religioso. Sí, podés hacer todo bien y aun así tener conflictos. No. No se mide la aprobación o presencia de Dios según los resultados.
¿Qué pasó entonces con Zacarías? Bueno, que Dios hace las cosas a su manera y esa manera incluye cierto grado de participación. Te dije más arriba que puso su espíritu para que hagamos su obra y, cuando no estamos parados en la posición, entendimiento y relación que debemos tener, nos convertimos en “monos con escopeta”, que no nos damos cuenta del poder que “manejamos” y no sabemos medir sus consecuencias.
Es interesante que Dios le dice, por medio del ángel:
“Pero ahora, como no has creído lo que te he dicho, vas a quedarte mudo; no podrás hablar hasta que, a su debido tiempo, suceda todo esto.” (Lucas 1:20)
Lo mismo les pasó a Moisés y Aarón: “por no haber creído”, quedaron descalificados y Dios les impidió entrar a la tierra prometida: “…el Señor dijo a Moisés y a Aarón: —Puesto que ustedes no tuvieron confianza en mí ni me honraron delante de los israelitas, no entrarán con esta gente en el país que les he dado.” (Números 20:12)
Si el creer te abre la puerta del cielo, el no creer le pone siete llaves.
Si creer te “hace justo delante de Dios” (Romanos 5:1), el no creer te descalifica y te envía al destierro espiritual.
La consecuencia y el “castigo” de la falta de fe de Zacarías fue quedar mudo hasta que el hijo naciera.
Es que, como se decía antiguamente: “tu palabra tiene poder”.
Y el poder de “tu” palabra puede ser un estorbo para el plan y la obra de Dios.
¿Viste cuando Jesús le dijo “tropiezo” a Pedro? (Mateo 16:23). Bueno, así.
Era necesario impedir que Zacarías siguiera hablando para que Juan pudiera nacer.
Era necesario callar las palabras negativas para que el emisario del Cristo pudiera empezar su ministerio.
Era necesario bloquear los intentos del enemigo de detener la obra de Dios, haciendo decir cosas que frenen lo que Dios estaba por hacer.
Sí, Dios hace las cosas a su manera, pero esa manera incluye nuestra participación.
Una palabra de más, una palabra de menos, una palabra “ociosa”, una palabra de incredulidad…
Un “no puedo”, “no tengo”, “no alcanzo”, “no creo”…
Un “no doy la medida”, “me falta”, “no sirvo”…
Pueden impedir que se active el propósito de Dios sobre tu vida, que se cancele la palabra recibida, que no veas el cumplimiento de sus promesas.
“Del fruto de su boca el hombre comerá el bien…” dice Proverbios 13:2.
Evitá hablar de más. No digas cosas que se conviertan en tropiezo. No sigas el designio de tu corazón. Creéle a Dios. Hablá de acuerdo a su palabra.
