¿Cómo…?

La fe es un evento sobrenatural. Lo sobrenatural es simplemente lo que está “por encima” (sobre) de lo natural, que se mueve en un plano distinto a lo terrenal.

Siempre me atrajo lo sobrenatural. Durante mi infancia y preadolescencia soñaba (metafóricamente) con tener algún encuentro “paranormal” o extraterrestre. Sí, imaginate, mi mayor anhelo era encontrarme con un ser de otro planeta mientras me frustraba un poco el ir entendiendo que los duendes, gnomos, fantasmas, etc., etc… no existían (hasta que me di cuenta de que sí existen, pero eso es para otro tema).

Mi lectura favorita de esa época tenía que ver con esa línea. Recuerdo que uno de mis favoritos fue El triángulo de las Bermudas, de Charles Berlitz, que ¡demostraba! lo sobrenatural que ocurría en ese sector del Caribe. Eso combinado, por supuesto, con la fascinación por los viajes en el tiempo.

Después aprendí también que “Dios puso eternidad en el corazón del hombre” (Eclesiastés 3:11) y que, como dijo Pascal: “El corazón del hombre tiene un vacío que tiene la forma de Dios. Por lo tanto, solo Dios puede encajar; solo Dios lo puede llenar”.

Entonces cuando conocí el evangelio para mí fue emocionante y frustrante.
Emocionante porque empecé a tener algunas experiencias sobrenaturales que, literalmente, me cautivaron. Emocionante también porque mi mente racional y lógica (sí, no te asustes, no soy bipolar; tuve y tengo fascinación por lo sobrenatural y, al mismo tiempo, soy súper racional y lógico. ¿Bicho raro? Puede ser).
Decía que mi mente racional y lógica encontraba explicaciones, en la Biblia, a los acontecimientos políticos y sociales de ese entonces (año 1992).

Y frustrante porque la práctica del evangelio era muy “minimalista” y lineal: no hay imágenes, no hay amuletos, no hay fetiches, no hay fórmulas mágicas y mucho menos repeticiones a lo “mantra”. Es solo creer. Tener fe (la que Dios ya te dio), ponerla en práctica y creer.

Claro, acostumbrado a tener amuletos o talismanes, usar tal collar o pulsera, prender tal o cual vela, a esta o aquella imagen de tal fulano o tal mengano…
No tener a qué mirar ni qué agarrar para generar un contacto de fe…
No necesitar hacer, poner, comprar, pagar, romper, atar… nada…
Fue un poco frustrante. Hasta que empezás a experimentar la fe.

Así que volvemos al inicio: la fe es un evento sobrenatural.

El problema aparece cuando te acostumbrás a eso y necesitás volver a la experiencia sobrenatural. Cuando parece que la fe no funciona o no alcanza y necesitás “conectarte” por medio de algo.

A veces es tan simple como “que alguien ore por vos”.
Mucho más fuerte, que “te impongan las manos” o que te “profeticen”.

Pero para encontrarte con Dios solo necesitás abrir tu corazón… y creer.

La fe necesita ser alimentada. Y se alimenta a sí misma, con fe. Y cuando no se alimenta, se apaga (no creo que muera). Y cuando se apaga, empezás a racionalizar la fe:

“¿Y cómo va a hacer Dios esto?”
“¿Cómo vamos a hacer para mudarnos?”
“¿De dónde vamos a sacar los recursos?”

Cuando racionalizamos la fe, inevitablemente terminamos midiendo a Dios con nuestra propia capacidad, y limitamos a Dios a la medida de nuestra razón y esa capacidad, en vez de creer según la medida de su poder.

No me imagino a Noé diciendo:
“¿Y de dónde voy a sacar los clavos?”
“¿Y quién va a cortar tanta madera?”
“¿Llover? ¿Qué es llover? ¿Acaso va a caer agua desde el cielo?”
Pero sí veo a Moisés preguntando: “¿Y cómo me van a creer?” (Éxodo 4:1)

Tal vez por eso Noé halló gracia y Moisés fue descalificado… (¡ufff!)

Pero hay alguien más que también halló gracia, y no solo no fue descalificada sino que fue exaltada. En un momento un ángel se le apareció y le dijo cosas fantasiosas y sobrenaturales. Ella creyó, porque la prima le dijo: “¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!” (Lucas 1:45)
Pero aun así dijo: “¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?” (Lucas 1:34)

La fe es un evento sobrenatural, y cuando la queremos racionalizar solo le somos de tropiezo.

Ves tus limitaciones, ves tu vida y tus errores, ves tus fracasos… y con todo eso medís y condicionás a Dios.
Si Dios hizo las cosas de la nada (Hebreos 11:3) ¿necesitará algo para hacer lo que prometió?
Si Dios es el que “llama a las cosas que no son, como si fueran” (Romanos 4:17) ¿necesitará que “seas” para poder hacer algo en vos?

Como dijo el domingo la pastora:
“Dios te conoce por tu nombre pero te llama por tu propósito.”

Dios requiere tu intervención para hacer lo que Él quiere hacer.
Dios requiere que seas parte de esa obra transformadora.
Dios requiere… tu fe: “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

No limites a Dios a tus capacidades.
No midas a Dios según tus recursos.

Como le dijo Jesús a esa mujer: “Solamente cree” (Marcos 5:36).

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