¿Escuchaste el concepto de “el Israel espiritual”? Tiene que ver con la herencia que recibimos de Abraham y con la adopción como hijos.
Bueno, creo que tendría que haberlo escrito al revés: ser hijos y entonces herederos.
Si estás familiarizado con el concepto (esto es un detector generacional), sabés de qué te hablo y seguro podrías aportar mucho.
Si no lo conocías, hoy vamos a liberar un nuevo nivel de comprensión espiritual.
Pablo le dijo a los Gálatas que ellos, “ahora que pertenecen a Cristo, son verdaderos hijos de Abraham. Son sus herederos, y la promesa de Dios a Abraham les pertenece” (Gálatas 3:29).
Esa herencia es la que nos permite llamar a Dios “Padre” y ser hechos hijos, por medio de la fe en Jesús, el Cristo, el Mesías.
Esa herencia, siendo hijo, es la que nos concede el “te bendeciré y serás bendición” (Génesis 12:2), por el cual sabemos que:
- Recibimos toda bendición espiritual en Cristo.
- Somos y estamos bendecidos por Dios.
- Tenemos la capacidad de bendecir, de ser luz, de anunciar y de mostrar a otros el camino de la salvación.
Por esa misma herencia se nos permite ser parte de lo que no nos correspondía, porque “los que no éramos pueblo, ahora somos pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10).
En definitiva, y resumiendo (para no convertir un devocional en un tratado de teología bíblica y sistemática, teología de Israel y teología de la iglesia —ekklesiología—), la iglesia es el “Israel espiritual”, la continuidad en el plano espiritual del propósito de Dios con Israel como “luz a las naciones” (Isaías 49:6).
¿Vamos entendiendo?
Entonces, si somos herederos y recibimos la bendición que Dios le dio a Abraham, también recibimos el “bendeciré a los que te bendigan y a los que te maldigan los maldeciré” (Génesis 12:3).
¿Existen las maldiciones? ¡Pero claro!
Y ya que estamos… ¿las hechicerías y brujerías?
¡Por supuesto!
Pero no son cosas por las que un hijo de Dios debería preocuparse, ni pensar… (si es hijo de Dios, obvio).
Por eso Balaam no pudo maldecir a Israel, aunque la oferta fue tentadora (Números 22–24), y por eso Balac se ponía loco cuando el “profeta” soltaba bendición.
Éste mismo (Balaam) dijo:
“¿Cómo maldecir al que Dios no maldice? ¿Cómo desear el mal si el Señor no lo hace?” (Números 23:8).
No se puede maldecir lo que Dios no maldice, y quien maldiga a un hijo de Dios recibirá maldición… de Dios… la que funciona… cuando Dios maldice… je…
¿Quedamos en claro de que la iglesia es “el Israel espiritual”?
Ok. Entonces vamos con esto:
“Contra Jacob no valen maleficios; contra Israel no sirven brujerías…” (Números 23:23).
¿Te alcanza o te hago un dibujo?
No tengas miedo de quienes maldicen.
No te asustes por brujos o hechiceros.
No te persigas por trabajos de ocultismo o muñequitos atados.
Ocupate en ser hijo de Dios.
Ocupate en crecer a la estatura de la plenitud de Cristo.
No pierdas tiempo en cuidarte de las maldiciones, que para eso no fuiste llamado; ni en buscar demonios para echar, que tampoco es tu función.
Ocupate en bendecir, porque lo que bendigas, y a quien bendigas, recibirá bendición.
