Balanzas

¿Pesa el “espíritu”? (hoy arrancamos metafísicos paranormales)

¿Podés creer que hubo una época en que eso era objeto de investigación científica? En realidad no el espíritu sino el alma, pero en cuestiones de interés académico y científico es lo mismo. (¿Será que no tienen nada que hacer?)

¿Para qué te sirve investigar el peso de una entidad espiritual?

Bueno, es un “poquitito” relevante, tiene un “poquitito” de importancia. Porque si bien para los Cazafantasmas no tienen peso sino un distintivo nivel de energía psicoquinética, poder pesar al espíritu (bueno, al alma) sería una manera de comprobar su existencia y, con ello, la existencia de un mundo espiritual. (Sí, es verdad, no tienen nada que hacer).

Entonces llegaron a demostrar que el alma pesa entre 20 y 24 g, porque es el peso que pierde una persona en el momento exacto de morir (¿entendés que experimentaban con personas agonizantes?). ¡Claro! ¡No se te va a ocurrir que es el aire contenido en los pulmones y “exhalado” en su “expiración” final! Noooo…

Más allá entonces de que el alma no pesa, el espíritu sí pesa, o por lo menos pesa para Dios. Claro, no te asustes, no estoy hablando de un peso medido en gramos sino de un peso de relevancia, de importancia, de valor y medida ante el trono de Dios.

Dijo Salomón que: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus.” (Proverbios 16:2)
Lo que, sin querer, es el único caso en el que sí vale la intención más que la capacidad, disposición o resultados.

Me imagino a Dios de dos formas; me gusta más la segunda: sentando a dos personas de peso similar en una de esas balanzas antiguas, de plato, y viendo la diferencia de peso entre ellas; o a Dios literalmente pesando el corazón de las personas en sus manos y haciendo ese jueguito que hacemos cuando queremos reconocer, por ejemplo, qué bolsa pesa más o qué elemento es más pesado que el otro.

¿Que qué tiene que ver el corazón? ¡Ah, sí! Porque lo que para Proverbios es espíritu está más relacionado con lo que vulgarmente decimos hoy corazón, y más cercano al concepto actual de la mente. También Salomón usa la palabra “corazón” diciendo que “de él mana la vida” (Proverbios 4:23), mezclando un poco ambos conceptos. Tené en cuenta que ellos no tenían un gran entendimiento de lo espiritual y, sinceramente, hacían lo que podían.

Incluso hoy todavía nos confundimos un poco las ideas, combinando, mezclando y fusionando espíritu, alma y mente; que no son lo mismo, pero están muy muy ligados entre sí. ¡Qué lío cuando Jesús dice “amar a Dios con todo el corazón, toda el alma y toda la mente”! (Mateo 22:37).

¿Entonces qué pesa Dios? Dios pone en una balanza cuál es tu motivación, cuál tu pensamiento, cuál tu voluntad, cuál tu anhelo. Mide (o pesa) tu propósito, el por qué y el para qué; conocer, como digo, “tu intención” al hacer las cosas.

¿Estás buscando reconocimiento?
¿Vas detrás de algún beneficio?
¿Se trata de un beneficio espiritual o material?
¿Esperás obtener algún rédito?

¿Buscás, tal vez, seducir el corazón (otra vez) de Dios?
¿Querés dar una fachada delante de él o de los demás?
¿Te interesa quedar bien parado o ser políticamente correcto?

Pablo lo resume en una expresión, que reconozco que es un poco fuerte: “El fuego mostrará si la obra de alguien tiene algún valor. Si la obra permanece, ese constructor recibirá una recompensa, pero si la obra se consume, el constructor sufrirá una gran pérdida.” (1 Corintios 3:13–15 NTV)

No te confíes de tu conciencia.
No te confíes de tu conocimiento o experiencia.
No confíes en tus “buenas intenciones”.

Sino, como David, examinate a la luz de Dios y de su palabra, si no hay caminos desviados, perversos o torcidos (Salmo 139:23–24) que te estén poniendo a vos y tus intereses en el lugar que tiene que estar la adoración y el servicio a Dios.

Uff… (me dolió…)

Dejar un comentario