Formadores

¡Qué difícil es la crianza! Creo que es algo que trasciende las generaciones y las épocas. No es algo únicamente de este tiempo, aunque en este tiempo… es un poco más complicado…

Obviamente sabés que me estoy refiriendo a criar hijos. Con las mascotas es laborioso, nada más. Con animales de consumo es aún menos complicado. Pero los hijos… es todo un tema.

Proverbios habla del tema, y Deuteronomio más fuerte todavía. Por eso, repito, no es algo de hoy; pasan los siglos y sigue siendo algo complejo.

Es entendible: estamos formando a la siguiente generación. Tanto para la sociedad como para la iglesia… la siguiente generación. A ver… los adultos de los próximos 20 años serán lo que vos te dediques a formar hoy… ¡Ay!

Formar a una persona no es solo alimentar, guiar, educar, sino también romper los esquemas de la propia humanidad (no te olvides que fuimos creados con capacidad de gobierno: todos quieren mandar, nadie quiere ser mandado) y los estereotipos que la sociedad quiere imponer.

¿Cómo vas contra las modas? ¿Cómo educás contra las ideologías humanistas y diabólicas? ¿Cómo te oponés a lo socialmente aceptado y a lo que todos quieren hacer?

¡Cuántas veces alguno de nuestros hijos dijeron: “¡soy el único al que no lo dejan…!”!
Y muchas veces podía ser cierto: mientras los demás hacían tal o cual cosa, ellos no tenían permiso para bailes, salidas de madrugada, pijamadas o juntadas con extraños.

Seguramente, mientras los demás fumaban, o tomaban, o “consumían”… ellos no podían (bueno, sí podían, y tal vez algunas cosas las harían a escondidas).
¡Ojo! Que las hicieran a escondidas solo confirma que no era correcto

¿Hasta dónde tenés que “prohibir”?
¿Tenés que prohibir?
¿Cuánto tenés que permitir?
¿Cuál es el límite o punto de inflexión?

¿Cuál es el balance y cuál debe ser la evaluación?
¿Permitir para no romper la relación?
¿Impedir aunque esto traiga una ruptura?
¿Ir “miti y miti”, jugando a la negociación?

¿Cuál es el criterio?
¿Cuánto de “lo moderno” es aceptado o totalmente rechazado?

Repito… ¡qué difícil es la crianza!

Deuteronomio está recopilando leyes e historia, y se detiene en la relación con los pueblos que serían conquistados y las poblaciones vecinas a los nuevos asentamientos. Y la advertencia es clara:

¡No hagan alianzas, no formen vínculos, no se unan unos con otros… “porque ellos harán que los hijos de ustedes se aparten del Señor y adoren a otros dioses; entonces la ira del Señor se encenderá contra ustedes y los destruirá en un abrir y cerrar de ojos” (Deuteronomio 7:4).

Esa es la razón, y no otra. No son caprichos, no es cultura, no es una cuestión de ideologías. Es preservar la fe, la vida de ellos (y nuestra posición delante de Dios).

Yo hoy no quería escribir de esto. Tardé mucho en empezar a hacerlo porque quería evitarlo y estaba buscando convencerme con algún otro pasaje de hoy. Pero no hubo caso. Mi cabeza y mi corazón volvían una y otra vez a este pasaje: “porque ellos harán que sus hijos se aparten…”.

La función de la familia tiene un profundo carácter formativo. Sí, por supuesto, te casaste “para ser feliz” y hacer feliz a la persona que te va a acompañar el resto de tu vida (amén) en este PVC (Proyecto de Vida en Común). Pero una vez que tenés hijos… la cosa cambia.

Todo el reino animal se enfoca en la preservación de su especie. Varias especies tienen rutinas complejas para el cortejo y la construcción de nidos o madrigueras. ¿Todo para qué? Para tener y proteger a sus crías. Entienden que su función como especie es procrear su reemplazo y no se mueven de ese propósito.

Asimismo, la iglesia tiene un carácter formativo: formar a los cristianos de esta y la siguiente generación para impactar en el mundo de esta y la siguiente generación. Para mantenerse “firmes en la fe” y seguir, a lo largo de los años, décadas y siglos, siendo luz en medio de la oscuridad.

Y si vos que estás leyendo sos adolescente, o joven, o todavía estás en pleno proceso formativo… nadie quiere truncar tu futuro ni cortarte las alas de la libertad. Solo queremos que seas lo que Dios quiso que fueras, y que desarrolles lo que Dios puso en vos para que llegues a ser lo que Dios hizo de vos.

¡Ay, la crianza! Qué cosa compleja (y de la que muchos quieren escapar).

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