Ambientes y Olores

¡No contamines tu atmósfera! Así me dijo una vez una profeta, refiriéndose al cuidado que debemos tener con las cosas que decimos, hacemos… e incluso pensamos.

Siempre me quedó grabada esa frase. Creo que realmente fue un rhema de parte de Dios. Yo venía pasando algunas situaciones complejas; estaba en el mismísimo ojo de la tormenta y siendo blanco de todo tipo de acusaciones.

Creo también que fue en esa ocasión, y como respuesta a esas palabras, que cambié mi actitud, y desde ahí comencé a decir y también hoy enseñar: “No te defiendas; presentate delante de Dios y que Dios saque la cara por vos. No te defiendas; hacé lo que tenés que hacer y que el fruto de tus obras… hable por vos”.

¡No contamines tu atmósfera! No cambies el clima espiritual del lugar donde te movés, donde compartís, incluso aun el lugar donde vivís.

¿Te gusta entrar a algún lugar y que haya feo olor?
¿No perfumás tu casa cuando vas a recibir gente?
¡O incluso vos mismo cuando vas a salir o encontrarte con alguien!

No contamines tu atmósfera, no contamines tu ambiente, porque en el lugar donde estás, ahí mismo está Dios.

¡Qué! ¿Lo dudás? ¿Acaso no lo sabías? Desde el mismo momento en que recibiste a Jesús en tu corazón como tu Señor y Salvador, el Espíritu de Dios vive en vos y está con vos (Juan 14:17; 1 Corintios 6:19).

Eso le dijo Moisés a los israelitas. ¡Y eso que por esos tiempos la manifestación del Espíritu era muy distinta a hoy!

Les dijo que Dios estaba en su campamento, y que, por lo tanto, aunque estuvieran en guerra, ¡tenían que hacer un pozo para defecar y cubrirlo con tierra después!, para no ofender a Dios, que se paseaba por el campamento… (Deuteronomio 23:13).

(La Biblia habla del rostro, ojos, manos y espaldas de Dios, pero se ve que ¡también tenía nariz!).

“Porque el Señor su Dios anda entre ustedes, en el campamento, para protegerlos y darles la victoria sobre sus enemigos; por lo tanto, el campamento de ustedes debe ser un lugar santo, para que Dios no vea ninguna cosa indecente en él, pues de lo contrario se apartaría de ustedes.” (Deuteronomio 23:14).

No contamines tu atmósfera. No te envuelvas, ni te metas, ni provoques un ambiente donde Dios no quiera estar.

No te involucres en cosas, lugares, ideas, personas… que hagan “asquear” a Dios y entonces… se corra de tu lugar.

No aceptes una doble moral ni vivas una doble vida.
Ambientá tu casa y tu casa espiritual con un “olor agradable” a Dios (ah, sí, tiene nariz).

¡Levantá una oración!, que sube como incienso a Dios.
Presentá adoración, que es justamente ese “olor fragante”.

Y no permitas que nadie, pero nadie, “apeste” tu lugar…

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