¡Creé!

“¿Qué más querés? ¿Que ‘baje’ Dios y te lo diga?” Supongo que alguna vez lo escuchaste, o te lo dijeron, o se lo dijiste a alguien.

Así somos. Complicados. Realmente complicados.
Por eso, el tema de las “señales” es algo bastante relativo a la hora de hablar de lo espiritual.

Jesús mismo lo advirtió. En la parábola del rico y el mendigo dice: “si no creen a las Escrituras, menos van a creer a un fantasma” (Lucas 16:31, versión ultra libre mía).

También, cuando fue presionado por los religiosos para que les diera una señal de su procedencia: “no les voy a dar ninguna señal, excepto la de Jonás” (Mateo 12:39–40), sumando el misterio por saber a qué se refería.

Como digo siempre, también en este caso, la señal era el cumplimiento.

¿Para qué queremos tantas señales?
¿No te alcanza con creer?

Ayer fue fuerte para mí, previo a la declaración de resurrección, el “solamente creé” (Marcos 5:36). No hace falta más que fe e ignorar lo que te quiera desviar de ella.

Cuando medís a Dios con reglas humanas, siempre vas a estar limitado a las posibilidades humanas, y eso te limita a creer y ver los resultados.

¿Acaso no lo viste obrar?
¿Acaso no viste los frutos?
¿Acaso necesitás algo más?

Somos complicados. Como Israel en el desierto. Vivieron las plagas, vieron la liberación, pasaron por el mar ¡en seco! Pero, a pesar de eso…

“Es verdad que Dios partió la peña, que de ella brotó agua como un río, y que la tierra se inundó; pero, ¿podrá dar también pan? ¿Podrá dar carne a su pueblo?” (Salmos 78:20)

Las señales no alcanzaron para que creyeran que Dios les podía ¡dar pan!

¿Para qué necesitás ver?
¿Qué señales estás esperando para hacer lo que tenés que hacer?
¿Necesita Dios demostrarte que Él es Dios?

No pidas señales.
No pidas confirmación.
No encierres a Dios dentro de tu razonamiento.
No limites la mano de Dios…

¡Solamente creé!

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