Aproximadamente por el 870 a.C la entonces capital del reino de Israel, Samaria (reino del Norte después de la separación) fue sitiada por el rey Ben Hadad de Siria, por tanto tiempo, que la ciudad entró en lo que hoy sería la consecuencia de una crisis económica.
Israel no tenía un mercado cambiario, pero los precios de los artículos de consumo habían alcanzado niveles desorbitantes. La Biblia relata así la situación reinante:
A consecuencia de aquel sitio, hubo entonces mucha hambre en Samaria, al grado de que la cabeza de un asno se vendía en ochenta piezas de plata, y un puñado de «estiércol de paloma» costaba cinco piezas de plata.
2 Reyes 6:25
Como ocurre en nuestros días, ese tremendo desabastecimiento e inflación generó un reclamo del pueblo. Reclamo que no podía ser resuelto por los gobernantes. ¿Alguna similitud con la época actual?
Una mujer, al ver que el rey de Israel pasaba cerca de la muralla, gritó:
«Rey y señor mío, ¡sálvanos!»
Pero el rey le contestó:
«Si el Señor no te salva, ¿cómo voy a poder salvarte yo?
¿Acaso hay trigo en los graneros, o vino en los lagares?»
2 Reyes 6:26-27
El pueblo estaba desesperanzado, enojado, enojado e incrédulo. ¿Alguna similitud con la época actual? Ni siquiera la palabra de Dios generaba esperanza. No creían que Dios pudiera intervenir. ¿Alguna similitud con la época actual?
Entonces Eliseo dijo:
«¡Oigan la palabra del Señor! Así ha dicho el Señor: Mañana a esta hora diez kilos de flor de harina se venderán a las puertas de Samaria por una moneda de plata, y también por una moneda de plata se comprarán veinte kilos de cebada.»
Uno de los principales ayudantes del rey respondió al varón de Dios:
«Si en este momento el Señor abriera las ventanas del cielo, ¿sucedería lo que tú dices?»
2 Reyes 7:1-2
¿Alguna similitud con la época actual?
En medio de la crisis y la miseria que esta crisis había generado, había unos hombres cuya condición era todavía peor. Eran leprosos. Una enfermedad infecciosa que provoca desde manchas hasta heridas y llagas que supuran. Un leproso era un marginado social.
Ellos no fueron víctimas del sitio porque no estaban siquiera dentro de los muros de la ciudad, pero eran víctimas de la escasez y se estaban dejando morir. Es en ese momento que toman una decisión que cambiaría su condición (aunque ellos no lo sabían)
A la entrada de la ciudad había cuatro leprosos, que se decían el uno al otro:
«¿Para qué nos quedamos aquí, esperando la muerte? Si intentáramos entrar en la ciudad, moriríamos dentro de ella por el hambre que allí dentro hay. Si nos quedamos aquí, de todos modos moriremos. Mejor vayamos al campamento de los sirios.
Si nos dejan vivir, viviremos; si nos dan muerte, moriremos.»
2 Reyes 7:3-4
Quedarse ahí a esperar la muerte o ir con los sirios. De todos modos iban a morir, pero los sirios les daban una pequeña opción de sobrevida (y alimento). Eligieron intentar, antes que conformarse.
Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.
2 reyes 7:5
“Se levantaron, pues, al anochecer” No importa cuáles sean las circunstancias. Es más, no importa cuál sea nuestra condición. Los leprosos se levantaron y lo hicieron al anochecer.
Si evitamos actuar basados en las condiciones a nuestro alrededor, esto es el anticipo del fracaso.
El agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra;
si contempla cada nube, nunca cosecha.
Eclesiastés 11:4
Hay momentos en nuestra vida donde lo que se debe hacer es precisamente actuar. Cuando la situación lo merece, hay que hacer lo que hay que hacer. Los leprosos tenían todas las de perder, nada les hacia prever el éxito, sino que el fracaso era lo más esperado.
Cuando la situación lo merece, hay que hacer lo que hay que hacer.
¿Qué tendremos que hacer en este tiempo, para cambiar nuestra situación?
“…y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.” (2 R 7:5b) ¡Qué sorpresa se llevaron los cuatro leprosos cuando al llegar al campamento enemigo, este estaba vacío! Antes de comentar los hechos, esto me lleva a otro pensamiento: los habitantes de la ciudad seguían encerrados y muriendo de hambre, sin saber que el enemigo que los acosaba había desaparecido. ¡Cuántas veces permanecemos encerrados en nuestros temores, atados con cadenas que nadie sostiene, solo por no hacer lo que debemos hacer!
Ahora enfocando el campamento sirio, ¿Qué pasó? La Biblia relata que fue Dios quien confundió a los sirios haciéndoles creer que venía un ejército. Tanto fue el temor y la prisa que abandonaron viandas, víveres y bienes.
Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.
2 Reyes 7:6-7
“Y así se levantaron y huyeron al anochecer,” Qué curioso como relata la Biblia este hecho. Mismas palabras usa al hablar de la decisión de los leprosos (una decisión que vale decir, les cambió la vida) “Se levantaron, pues, al anochecer”. Mientras los leprosos se levantaron de noche, el ejército sirio se levantó de noche.
Mientras unos se levantaron para avanzar, otros se levantaron para huir. ¿y yo? ¿y vos? Cuando nos levantamos… ¿para qué lo hacemos?
Lo que sí queda claro es que la decisión de los leprosos trajo un cambio rotundo sobre su situación, y la de la ciudad, y todo el pueblo.
Cuando tomamos una determinación, sin importar la condición, la determinación cambia el entorno; una determinación cambia el destino; una determinación nos lleva de muerte a vida y una determinación puede resultar en la salvación de quienes están a nuestro alrededor.
“Mi determinación cambia mi destino”
Pero los leprosos eran hombres de tomar decisiones (¿quién lo hubiera pensado, no?) Al entrar al campamento de los sirios, comieron de todo lo que encontraron hasta saciarse, o más que saciarse! Tanto así, que uno de ellos razona que estaban siendo egoístas. Sus compatriotas, los que estaban dentro de la ciudad, los que sufrían el aislamiento pasaban hambre y ellos mientras tanto tenían en abundancia:
Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.
Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad.
Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.
2 Reyes 7:8-9
“No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva.” Estas fueron sus palabras: “no estamos haciendo bien”. Los leprosos tuvieron convicción de que su actitud no era la correcta. Normalmente nuestras actitudes son respuesta a nuestras necesidades o consecuencia de ellas. Estos hombres entraron al campamento buscando alimento y salvar su vida, y eso es lo que estaban haciendo. Alcanzaron su meta. Pero su conciencia, dirigida por el Espíritu de Dios, le dio el entendimiento de que esa no era su meta.
Mi Propósito no es ser saciado
Mi Propósito no es ser bendecido
Mi Propósito no es ser salvado
“Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva” Los leprosos entendieron que su propósito era más importante que su propia vida. El propósito es trascendente, es lo que permanece lo que queda ‘como legado’, lo que nos define, lo que nos motiva. El propósito de los leprosos era llevar al rey y a la ciudad la noticia de que el sitio había terminado y había abundancia a su disposición.
Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento de los sirios.
Y conforme a la palabra del Señor, diez kilos de flor de harina y veinte kilos de cebada
se vendieron por una moneda de plata.
2 Reyes 7:8-9
¿El resultado? Los precios se acomodaron, lo que era inalcanzable volvió a ser accesible. La economía se ordenó, la crisis terminó.
¿Cómo salir de la crisis?
- Toma una decisión sin mirar su condición
- Determine cambiar su situación actual
- Anuncie a otros, el camino de salvación
