¿Viste cuando aprendiste algo y lo aprendiste mal? (o te lo enseñaron mal) Dejás el pie en el embrague, comés la fruta al final, no usás la luz de giro, desayunás liviano y te matás en la cena, y tantas otras cosas que no se me ocurren ahora. Lo que aprendemos de chico o por primera vez, tiene un peso mucho más importante que lo que incorporamos después y por eso nos cuesta modificar los hábitos ya arraigados en nuestra mente. Recibimos a Cristo y somos trasladados de las tinieblas a la luz, pero seguimos mirando como si estuviéramos en oscuridad; recibimos perdón de nuestros pecados, pero seguimos creyendo que somos culpables y señalados por los demás; Dios nos da una palabra de avance, pero miramos nuestra limitación e imposibilidad; creemos en Dios pero nos cuesta creerle a Dios. Vivimos en una “bipolaridad espiritual”, somos dos personas distintas viviendo en una sola mente.