Dice una vieja frase de origen japonés: “El clavo que sobresale recibe el martillazo”. Siempre me hace recordar, y a la inversa, a la historia de Jacob y el trato de su suegro: cada vez que Jacob quería prosperar, Labán le ponía un obstáculo para desviarlo o bloquear su intento de avanzar.
Es algo natural, bastante “humano” en realidad, aunque uno diría que es “inhumano”, pero la envidia y la competencia vinieron con el combo de la caída, algo tal vez dormido que fue activado por la rebelión o quizá algo creado por Dios como herramienta de progreso, pero que la rebelión degeneró. ¿Por cuál opción votás?
El punto es que siempre, cada vez que quieras levantar la cabeza va a aparecer algún “cabeza de martillo” que te quiere acomodar. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a acomodar?
Anoche decía, recuerdo, que “el reino de los cielos sufre violencia y los valientes lo arrebatan”. ¿Quiénes son los valientes? Si, ya sé, los que enfrentan sus miedos, pero no te digo eso, valientes son los que no se dejan arrastrar por el sistema como los de la picadora de carne de The Wall de Pink Floyd.
¿Qué vas a hacer? ¿Vas a renunciar a tu meta porque un “cabeza de martillo” se te oponga (o de termo…)? ¿Vas a vivir en la mediocridad, o en la mendicidad, o en la ceguera, para no ofender al sistema?
Jesús iba caminando cerca de Jericó, la gente hablaba de él, ya era viral en las redes y por lo tanto era sabido que estaba de visita en la ciudad. En una ocasión, las localidades estaban agotadas, y una mujer enferma tuvo que arrastrarse para llegar a él; en otra ocasión, un mendigo empezó a gritar para llamar la atención de Jesús. Pero…
“Muchos lo reprendían para que callara, pero él gritaba con más fuerza: «Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!»” (Marcos 10:48)
Un hombre que tal vez estaba delante de su última oportunidad.
Un hombre que, obviamente, entendía delante de quien estaba.
Un hombre que se estaba jugando el todo por el todo.
Un hombre que se animaba tanto a todo, que no se animó a callar.
¿Qué hubieras (mala palabra) hecho vos?
¿Qué harías?
¿Te callarías?
¿O te callarían?
No seas cómplice de la envidia de los demás.
No sacies el egoísmo de los otros.
No te iguales a su mediocridad.
No te detengas, insistí, avanzá…
¿Cómo terminó la historia?
“Jesús se detuvo y mandó que lo llamaran. Los que llamaron al ciego le dijeron: «¡Mucho ánimo! ¡Levántate, que Jesús te llama!»” (Marcos 10:49)
¡Jesús se detuvo! ¿Entendés?
¡Jesús se detuvo!
Se detuvo, lo llamó, lo sanó.
Siempre habrá una “cabeza de martillo” ¿Qué vas a hacer?
