Linajes

El linaje importa. La familia importa. “El apellido importa” suelen decir algunos. En nuestro país en el año 1813 se abolieron los títulos nobiliarios y el derecho de sangre. Antes de eso, siguiendo la costumbre europea, pertenecer a determinada familia te ponía en una posición superior a los demás. Los linajes familiares poseían los tronos y las guerras españolas del siglo 18 fueron por esa causa: los Austria, los Borbones y los Habsburgo se disputaban el trono e increíblemente eso impactó en las revoluciones americanas.

Actualmente, por lo menos en nuestro lado del mundo, eso ya no pesa, pero… no es lo mismo ser un Escalante que un Gates o un Musk… ¿No? Ya no se trata de casas reales, pero sigue siendo importante quién sos, de dónde venís y a dónde vas.

El linaje importa. El peso de la familia importa. Algunos estarán pensando que me estoy contradiciendo, porque siempre digo, y en algún Dicho Está está escrito, que “Mi origen no me limita ni me condiciona”, y lo repito, insisto en eso: Mi origen no me limita, mi origen no me condiciona, son mis decisiones diarias las que determinan mi futuro.

¿Entonces? Entonces, el linaje importa y la familia también porque me da identidad, me da contención y contenido, me da un ámbito de formación que es distinto al tuyo y al del otro, porque creo que una de las tareas y responsabilidades más importantes de la iglesia es edificar familias que formen hijos que serán los cristianos que impactarán en esta y la siguiente generación.

Sí. Es cierto. A veces mi entorno me tira para atrás o para abajo. Ahí es donde aplica lo de “no me condiciona”. Porque cuando llego a Cristo… ¡vuelvo a nacer, soy nueva creación, las cosas viejas pasaron y el viejo hombre quedó atrás! (Juan 3:6; 2 Corintios 5:17; Romanos 6:4).

El linaje importa. La familia importa. Por eso en vez de mirar los errores del pasado o estar pendientes de las heridas que recibimos, es más sabio mirar hacia adelante, porque Proverbios 4:25 dice que tenemos que “Poner siempre la mirada en lo que está por venir” (y Proverbios 4:7 dice que “Lo que realmente importa es que cada día seas más sabio…” -versión TLA-)

Sí. Eso es sabiduría. No podemos cambiar lo que pasó. Tenemos la opción de aprender de los errores o depender de los errores. No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos marcar el camino para lo que vendrá…

Dice Números 2:2 “Los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las familias de sus antepasados. Acamparán alrededor del tabernáculo de reunión.” El linaje importa y la familia importa. Ocupémonos de lo que vendrá, de lo que está delante, de la siguiente generación, de formar con valores y principios que impacten en el mundo que vendrá.

El linaje importa. La familia importa. Nuestro pasado no nos define, nuestro entorno no nos condiciona. No podemos cambiar lo que pasó, pero podemos influir en el futuro de esta y la siguiente generación. Y, quien te dice, te conviertas en la cabeza de una nueva rama, una nueva familia, de un nuevo linaje de autoridad espiritual.

¿Qué bandera estás levantando?
¿Bajo qué bandera te estás moviendo?
¿Qué caminos estás abriendo, para que otros sigan tus pasos?
¿Qué huellas estás dejando…?

El linaje importa.

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