Proverbios 3 y Proverbios 4 siempre me llevan a caer en el lugar común. Llamo “lugar común” a la frase hecha, la deducción fácil, la interpretación o aplicación obvia y esperada de un texto, y… normalmente es algo que suelo evitar.
No es porque no sirva, sino porque me da la sensación de que estoy repitiendo lo mismo de siempre y que vas a decir: “Otra vez este con lo mismo”. Por eso busco otras alternativas. Pero a veces… no hay otras alternativas, y cuando Dios habla, Dios habla.
No sé si trabajaste alguna vez en construcción, si entendés un poco del tema o si capaz tuviste gente trabajando en alguna reforma en tu casa. Aunque no seas un profesional, siempre es necesario “controlar”. Bueno, el viejo refrán dice que “el ojo del amo engorda el ganado“, y apunta a eso: a controlar que las cosas que mandaste hacer, que te interesan en forma personal, se hagan bien, que salgan bien.
Esto se aplica a todo. Es el principio de la delegación: vos podés (y debés) encargar a otros una tarea, pero “delegación sin control es la receta del caos” y una invitación a que las cosas se hagan mal.
Pero vuelvo a la construcción, y específicamente a los niveles. No sé por qué, pero tengo un ojo clínico para detectar los desniveles, o sea, los niveles mal definidos. No sería la primera vez que alguien que está colgando un cuadro, un estante o cualquier cosa que deba estar a nivel horizontal en una pared, en vez de usar el nivel de burbuja, me pida: “Pastor… aplique su ojo”. Y creeme que hasta ahora no fallo.
Cuando vas sobre la marcha, perdés noción del nivel. Es más, una referencia errónea por tu posición física puede hacerte ver que lo que está bien, está mal, y a la inversa. Lo mismo pasa cuando vas caminando a ciegas: tu cabeza te dice que vas en línea recta, pero normalmente empezás a desviarte. Y cada uno tiene su propia tendencia: unos se desvían a la derecha y otros a la izquierda. (La izquierda, nunca, por favor).
¿No te pasó en la iglesia? Estás orando, cantando o adorando con los ojos cerrados y, cuando los abrís… ¡zas! Estás apuntando para cualquier lado. ¿Papelón? Y sí, pero bueno, ya está.
¿No te pasó mientras aprendías a manejar? El instructor te repetía cien veces “¡mantené tu derecha!”, pero inconscientemente te ibas hacia el medio de la calle. Lo mismo: parece que tenemos una inclinación neurológica al giro o al círculo o algo así.
Por eso es necesario el control. Ya no del albañil que está en tu casa, sino de tu propia vida, de tus propios pasos, de tu camino. Es necesario hacer revisiones periódicas para ver si estás yendo hacia donde querías ir desde un principio o si, por el contrario, la costumbre, la rutina, el cansancio, el sueño, la distracción, la conversación con el acompañante o, tal vez, sencillamente la automatización te están llevando en otra dirección.
Sí, automatización, porque me pasó en más de una ocasión: salir de mi casa con un destino definido y, cuando me doy cuenta, estoy haciendo el recorrido diario a la iglesia (que a veces hago hasta tres veces en el día).
Por eso Salomón le aconseja a su hijo (¿A qué hijo de Salomón le habrá dedicado Proverbios? Para mí, a Roboam. ¡Para mí, eh!): “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos.” (Proverbios 4:26).
Digo que le escribía a Roboam porque el pibe me parece que no andaba por caminos muy rectos. Me da a pensar también que tenía algunos problemas con su papá. Creo que había una crisis de identidad y de falta de imagen paternal. No quiero psicologizar a Roboam ni a Salomón, pero esa respuesta que le dio a Jeroboam y a los príncipes de las tribus: “…Si mi padre les impuso un yugo pesado, ¡yo les aumentaré la carga! Si él los castigaba a ustedes con una vara, ¡yo lo haré con un látigo!” (1 Reyes 12:14), demuestra que buscaba la manera de superar a su padre, de ser más importante, más fuerte, más rígido y poderoso que él… Muy bien no le fue.
¡Y acá vamos a la frase hecha y al lugar común!
¿Estás controlando tus caminos?
¿Te están llevando a donde querés ir o te están desviando cada vez más lejos de la meta propuesta?
¿Estás caminando en línea recta?
La matemática enseña que “la distancia más corta entre dos puntos es la recta”, entonces:
¿Estás haciendo la distancia más corta para llegar a tu destino o hacés paradas de descanso y desvíos de entretenimiento?
¿Seguís viendo las señales del destino fijado o ya te deslumbraron las luces de otro puerto?
Más frases hechas:
Los pasos que estás dando, ¿te están acercando o te están alejando de tu meta?
“Delegación sin control es la receta del caos”, y caminar confiado solamente en tu instinto o rutina es una invitación al fracaso.
Obviamente, como dije, Roboam no le hacía mucho caso a la memoria del padre. Tal vez por eso mismo Proverbios critica tan fuerte a los que no escuchan consejo o siguen sus propios corazones. Con nosotros es distinto. Vos y yo ya “leímos el diario del lunes” y sabemos que hay que seguir el consejo: escuchar y ponerlo en práctica.
Estamos estos días leyendo Deuteronomio, y la advertencia también es muy clara: “Si seguís mis palabras… tal cosa; si no las seguís… tal otra.” (Deuteronomio 27 y 28). Entonces… ¿qué caminos estás tomando?
“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos.” (Proverbios 4:26).
