Derechos y Destinos

Si yo te pido que me nombres a los hijos de David, ¿qué respondés?

Me encantaría poder hacer una encuesta o una trivia con esto, pero este formato no me lo permite. Juguemos como si fueras respondiendo y yo evaluando tu respuesta, a ver qué sale…

Seguramente me dirías: Salomón y Absalón. Es correcto, pero tuvo más.
Tal vez hubieras agregado a Adonías, porque una historia lo pone sobre la mesa cuando quiso tomar el trono. Está bien, Adonías también.
Capaz me nombres a Tamar, por ser la causante del conflicto con Amnón… Vamos bien, pero no estoy contando mujeres, sino herederos al trono. Y ahí, al pasar, se nos cayó este: Amnón, que tuvo su parte en la historia.

Si no inventaste algún otro, respondiste bastante bien… pero no tan bien. Salomón, Absalón, Adonías y Amnón fueron hijos de David, pero no fueron los únicos. Tuvo más, y no solo eso: para complicarla un poco más, ninguno de estos tenía derechos de primogenitura y, por lo tanto, no fueron herederos naturales. Por ejemplo, 1 Crónicas 3:2 dice que Absalón, el fachero de melena enrulada, era “el tercero” de los nacidos en Hebrón (primer trono de David antes de llegar a Jerusalén).

¿Y qué pasa con Salomón? Bueno, ahí la cosa se nos complica un poco más, porque Salomón fue el “cuarto” de los nacidos en Jerusalén (1 Crónicas 3:5), o sea ¡el décimo! en orden de nacimiento…

Y encima, después tuvo 9 más (1 Crónicas 3:6-8), aunque sin contar a los otros que también tuvo con sus concubinas (1 Crónicas 3:9).

Así que, aunque casi acertaste, erraste, porque David tuvo, con línea sucesoria y derecho al trono en forma “legal”, 19 hijos… ¡Prolífico el hombre!

No te pongas contento que no ganaste nada, y tampoco había un premio para dar, más que hacerte notar que:

Lo establecido no es garantía de definido.

Lo políticamente correcto no tiene por qué terminar siendo lo correcto.

Que algo no te corresponda no significa que no lo obtengas.

Que no tengas el derecho no dice que no seas el beneficiado.

Acostumbramos medir nuestras metas y resultados con la vara de la limitación y el entorno. Ponemos los pies sobre la tierra y llegamos a la conclusión de que Fulano pudo, Menganito va a poder… pero esta no es para mí.

Pero la Biblia está plagada de ejemplos de, no solo superación, sino de la mano de Dios moviendo piezas, saltando lugares. ¡Como cuando te salía el 6 en el ludo y podías seguir tirando!

David mismo fue un “paracaidista”. No solo no tenía derechos al trono, sino que no le correspondía tenerlos. Y cuando aspiró a alcanzarlos, por un casamiento acomodado, tampoco le fue reconocido.

Pero Dios no se ata a estructuras ni se limita a las regulaciones humanas. Dios hace milagros, que básicamente es algo que rompe una ley física, alterando un resultado.

¿Va a impedir algo a Dios que te ponga donde se le dé la gana?

Me molesta cuando se dice: “No sé cuál es tu condición” o “no sé cómo llegaste”. ¡¿Qué me importa cómo llegaste o cuál sea tu condición?! Lo que sé es que, sea cual sea, Dios va a cumplir su propósito en vos (Salmo 138:8).

¿Qué es lo que te limita, te frena o te bloquea?
Ayer decía, predicando, que “el reino de los cielos es para los que no se detienen ante los inconvenientes”, sino que buscan, esperan, avanzan decididos, firmes y con determinación.

¿Qué es lo que te detiene?
Estés donde estés, como estés, Dios puede cambiar tu condición.

Lo que el derecho no da, Dios lo otorga.

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