CON LOS PIES EN LA TIERRA

Mmm… ¿Con qué encaro hoy? Siempre dije, y lo sostengo, que el libro de Hechos no es de mis preferidos. Es más, así como a algunos les pasa con Números y Levítico, Hechos me aburre. Conozco personas que dicen que es el libro (carta) más apasionante del Nuevo Testamento. Puedo entender sus razones y hasta apoyarlas, pero no me pasa eso.
Una cosa es cierta: es el libro del despertar pentecostal, del nacimiento de la Iglesia, de los milagros de los primeros enviados y de los viajes misioneros. Pero bueno… será que yo soy más de puertas adentro.

Pero hoy Dios me habló en Hechos (no es la primera vez). Estoy en la disyuntiva de comentar acerca del temor a lo desconocido o de las limitaciones de una fe pobre. En realidad, son dos conceptos que tienen más en común de lo que parece… pero ahí estamos.

Mientras estoy sentado en la orilla del río Areco, pienso:
¿Cómo podés creer en Dios sin creer que Dios es todopoderoso?
O mejor: ¿cómo podés creer en Dios y al mismo tiempo dudar de lo que es capaz de hacer?
O todavía: ¿cómo podés creer en Dios sin creerle a Dios?

La cosa se puso reflexiva, pero esas son las luchas de la mente humana. Vivimos en un plano natural, justamente distante de lo “sobrenatural”. Creo que una de las luchas de la vida de fe es atravesar esa brecha: seguir con los pies en lo natural, pero poner la mente y el corazón en lo sobrenatural.
¿Es fácil? Naaa…
¿Es imposible? ¡Para nada!
Es la vida de fe.

Pablo está pasando audiencias previas a su juicio. Ahora está frente a Festo y Agripa (el gobernador romano de Judea y el rey judío puesto por el imperio), hablándoles acerca de su encuentro con Jesús y su experiencia con Dios.
Festo se burla. Le dice:

“¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te han vuelto loco!” (Hechos 26:24).

Pero Pablo, enfocado en el rey judío —corrupto, vendido, pero judío— le dice:

“¿Acaso a ustedes les resulta increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hechos 26:8)

¿Te resulta increíble que Dios te pueda sanar?
¿Te resulta increíble que Dios te pueda prosperar?
¿Te cuesta creer que Dios pueda cambiar tu condición, tu realidad?

¿Es por ignorancia?
¿Es desconocimiento?
¿Es falta de fe?
¿Es temor?

Uff… creo que un poco de todo.
A veces preferimos no creer por temor a que no pase…
Y eso es falta de fe.

Sí. No te estoy acusando, te estoy diagnosticando: si tenés miedo, solo es negación a la confrontación de que no pase.
Estás teniendo “la certeza de lo que esperás y la convicción de lo que no ves”, je… sí, tenés fe en que no va a pasar… tenés fe.

Por eso nos aferramos solo a lo conocido.
Dejamos los pies en lo natural y le ponemos un peso al corazón y a la mente para que no vuelen a lo sobrenatural.
Levantamos la bandera del “mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Sí, es cierto: hay que aceptar las cosas como son.
No, es mentira: no hay que cerrar la puerta a lo sobrenatural.

Cuando Pablo se encontró con Jesús (o Jesús lo cruzó a Pablo), tuvieron una conversación “Samaritana style”:

“Yo pregunté: ‘¿Quién eres, Señor?’ Y el Señor me dijo: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues.’”

¿Cómo perseguís a lo que no conocés?
Si no sabía quién era, ¿cómo lo perseguía?
Es más: ¿por qué lo perseguía si no lo conocía?

Temor a lo desconocido.
Miedo a lo sobrenatural.

Je… se cruzaron los dos temas al final…

No te quedes con tus ideas.
No te limites a tu razonamiento.
No te conformes con lo conocido.
No le cierres la puerta a lo que Dios quiera hacer ni ates sus manos.

Sí, como decían, la fe “mueve la mano de Dios” (no la mueve, la activa); que tu “no fe”, tu fe negativa, no desactive el propósito de Dios.

Dejar un comentario