Inteligencia Emocional

Lo conversé ayer en dos reuniones de trabajo consecutivas: vivimos en una crisis de ansiedad constante. Tal vez no te pase a vos, o sí, pero es un tema que nos rodea.

Ahora todo se etiqueta. Cosas que en mi infancia eran simples conductas “fuera de lo normal”, hoy se les ponen nombres complejos, siglas que parecen nombres de virus o de alguna arma secreta, que —buscando identificar o diagnosticar una situación— terminan encasillando a la persona en una condición imposible de cambiar.

Señoras, señores… ¿TDAH? No lo niego, pero ¡el pibe es hiperactivo! Hacelo hacer deportes, tenelo ocupado, sacale el celular, la tablet, la compu y la tele, ponelo a resolver problemas, dale desafíos, etc., etc., etc.… pero no digas “pobrecito… tiene TDAH”.

No estoy diciendo que no haya problemas que requieran atención médica. Pero no quiero que todo lo reduzcan a “tiene un problemita”.

Ya sé que con esto me voy a ganar más de un enemigo. Seguramente alguno se va a sentir ofendido. Pero de eso justamente quiero hablar: es más fácil etiquetar las consecuencias que tratar las causas.

Es como tomar un antifebril sin buscar la infección o la causa que provocó la fiebre. Y la causa de la ansiedad no es química ni neurológica, no es un trastorno del comportamiento ni una condición. Es simplemente el resultado de una falta de educación en inteligencia emocional.

¿Qué es la inteligencia emocional? La capacidad de enfrentar las crisis y manejar las frustraciones. Saber responder a las situaciones que nos confrontan y usarlas para el crecimiento. Desarrollar el carácter para no ser sacudido ni volteado. Aprender a buscar la salida antes que entrar en crisis por perdernos en el laberinto; o ver el vaso vacío como una oportunidad para llenarlo, en lugar de lamentarnos por lo que ya no está.

Para los que me están acusando de hacer psicología en vez de hablar de Cristo, les digo que Jesús habla de todas estas cosas y que el Nuevo Testamento está lleno de situaciones que nos llevan al crecimiento personal. ¿O qué pensás que significa “…cuando la fe de ustedes sea puesta a prueba, como el oro…” (1 Pedro 1:7), sino la respuesta y continuación a 1:6 que dice “…les sea necesario soportar por algún tiempo diversas pruebas y aflicciones…”?

David las pasó… y las pasó mal. Muchas cosas fueron consecuencia directa de sus acciones; otras vinieron indirectamente sobre su vida como acusación o amenazas. Fue guerrero, fue rey, estuvo expuesto a ataques diversos. Fue pastor de ovejas, y así como Sansón enfrentó leones y osos, también David tuvo que pelear con ellos… y fue fortalecido. Tanto que llegó a decir:

“Tal vez lloremos durante la noche, pero en la mañana saltaremos de alegría.” (Salmos 30:5)

¿Cómo se desarrolla el carácter? Enfrentando las crisis.
¿Cómo se enfrenta el bullying? Teniendo identidad.
¿Cómo se maneja la ansiedad? Aprendiendo a manejar la frustración.

Cada vez que salís corriendo a darle a un hijo lo que te pide… estás fabricando ansiedad.

Cada vez que sentís culpa por no hacerle regalos caros… lo estás exponiendo a un fracaso.

Cada vez que lo atás a una pantalla para que se quede tranquilo… estás bloqueando su capacidad creativa.

Cada vez que se la hacés fácil… lo estás convirtiendo en alimento de un depredador.

No evites las pruebas.
No huyas de las crisis.
No te asustes ante los conflictos y la confrontación.
Una vez atravesados… saliste fortalecido, saliste transformado.

Se llama crecimiento y madurez.

Unos versículos más adelante, David agrega: “Tú cambias mis lágrimas en danza; me quitas la tristeza y me rodeás de alegría…” (Salmos 30:11)

No salgas corriendo… acercate a Dios.

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