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“Heme aquí, yo iré Señor,
Heme aquí, yo iré Señor,
Envíame a mí, que dispuesto estoy,
Llevaré tu gloria a las naciones.”

Así cantaba Marcos Witt en su momento de mayor popularidad. Esta y otras canciones realmente cambiaron la alabanza en las iglesias, trayendo un aire de renuevo, dejando un poco atrás los coritos pentecostales (que siempre van a estar presentes) y los Himnos de Gloria tradicionales.

Por supuesto, como corresponde a la costumbre humana, ante todo cambio hay un rechazo; todo cambio trae de la mano una crisis, y la resolución de una crisis establece esos cambios: el statu quo de la iglesia, lo mismo le pasó a Jesús con los religiosos, a Lutero con la cúpula vaticana, a Wesley y Whitefield con los líderes anglicanos que les cerraron las puertas de las iglesias, a Seymour (líder del avivamiento de Azusa de 1906, donde nace el pentecostalismo moderno) con el racismo que no aceptaba iglesias interraciales, a Aimee McPherson por teatralizar sus prédicas, usar la radio ¡y ser mujer! Y ya que estamos listando… a Dante Gebel, a quien originalmente la UAD lo expulsó de sus filas hasta que se vieron obligados a reconocer que Dios estaba con él… exactamente lo mismo le pasó a Marcos. No aceptaban esos extraños nuevos ritmos y mucho menos el énfasis en la relación Dios/cristiano.

¡Hay que enfocarse en la persona de Jesucristo! —me decían—. ¡Solo hay que predicar los evangelios! —querían obligarme—. ¡Las canciones modernas no se enfocan en Jesús sino en el que canta! —se enojaban—Porque, decían, que Renuévame era un cántico humanista que ponía al hombre en primer lugar, por sobre Dios.

Es cierto: Renuévame se enfocaba en el que pedía ser renovado. Cuando la adoración llega a un nivel de intimidad y relación personal, es la que trasciende los tiempos y hace que hoy, 30 años después, sigamos hablando de esa canción. Renuévame le hablaba a Dios y le pedía ser renovado, así como Heme Aquí le hablaba a Dios en respuesta a un clamor de parte de Dios.

Vayamos al texto que inspiró a Witt, en Isaías 6:8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

Reivindiquemos a los religiosos. Enfoquémonos en Dios. Como te dije, Isaías responde a un clamor, una pregunta, una invitación: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” Y recién ahí aparece el Heme aquí de la canción y del texto en la versión tradicional (RV60), o el Aquí estoy de la moderna RVC.

¿Te dije alguna vez que en todo lo relativo al reino de los cielos es necesaria tu intervención? ¡Qué loco! El Dios que creó el universo y todo bajo el cielo, el que del polvo hizo al hombre y de la costilla a la mujer (Génesis 2:7, 21-22), el que tuvo el poder de vencer a la muerte, levantar a Jesús de la tumba haciéndolo volver a la vida… necesitó que alguien mueva la piedra (Juan 11:39) y que alguien respondiera a su llamado.

¿Por qué no movió el corazón de Isaías para que se involucre? ¿Por qué soltó esa pregunta al aire como si no tuviera respuesta? ¿Por qué fue necesario que Isaías responda desde su temor? Justamente por eso: porque es necesario que la decisión sea voluntaria, aun a riesgo de las consecuencias (Isaías 6:5: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”).

Dios quiere y va a hacer una obra en tu vida. Dios quiere hacer una obra a través tuyo. Si sos iglesia, sos esa pieza fundamental para completar el mecanismo de transformación en el lugar donde te encontrás. Dios quiere usarte… pero tenés que estar de acuerdo, responderle y ponerte a disposición.

Es como el viejo “mito” de los “llamados y escogidos”. “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” dice Mateo 22:14, y me enseñaron, o mejor dicho pretendieron enseñarme, que eso mostraba una élite, una clase VIP; que Dios nos llamó a todos pero eligió a algunos, los mejorcitos, los especiales. Que todos fuimos llamados para salvación pero unos pocos para servirle, y ellos son los escogidos… ¡error! Escogidos son… ¡todos aquellos que responden al llamado! Ni más ni menos que eso: ni VIP, ni élite, ni especiales, solo dispuestos.

Dios quiere hacer una obra en nosotros y el “cumplirá su propósito” en nosotros (Salmos 138:8), pero no contra nosotros ni en contra de nuestra voluntad.

Lo muy interesante es que Dios no le habló a Isaías directamente, Dios “habló al aire” e Isaías recogió el guante. Se me ocurre pensar y preguntarte: ¿Será que Dios se te está insinuando desde hace mucho y no te das cuenta? ¿Será que Dios está hablando a tu alrededor y vos repetís la pregunta: “¡Eso… quién irá!”? ¿Será que estás esperando que un ángel venga a buscarte, te levante de la cama, te prepare unos mates, te ponga la SUBE en el bolsillo o la llave del auto en tu mano para responder al llamado?

Una cosa me golpea el pecho y la mente. En Génesis 6:3 Dios dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre…”

¿Te acordás de las oportunidades? No las esperes… ¡provocalas!… antes de que sea tarde.

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